Ni Socialdemocracia ni Socialcristianismo


Se me ocurrió decir en la televisión que tanto la Socialdemocracia como el Socialcristianismo estaban definitivamente agotados, que no daban más; y, lo más importante, que el candidato opositor que deba enfrentarse a Chávez, tenía que inventar o “buscarse” una nueva ideología; que tampoco fuese, por supuesto y mucho menos (zape gato), el Socialismo Democrático, porque ya todo el mundo sabe que él es apenas una variante de la Socialdemocracia; se me ocurrió toda esa herejía, decía, y varios amigos han entrado en cólera contra mí: “¿De dónde sacas eso? ¿Cómo se te ocurre decir que dichas doctrinas ya no tienen sentido? No entiendo cómo te siguen invitando a la TV, si todo lo que dices son loqueteras, como esa otra de que la Civilización Occidental está en crisis, cuando ella es lo mejor -o al menos lo mejorcito– que la Humanidad ha parido. O esa otra manifestación tuya de irrespeto que es decir que Marx fue un bobo. Y ya con toda la furia a punto de convertirse en grosería y de aplastar a la amistad: “¿Cómo vas a decir que la Socialdemocracia y el Socialcristianismo fracasaron, si ellas son “lo único que tenemos”? ¿Qué va a salir a decir nuestro candidato contra Chávez? ¿Todas esas… monsergas ininteligibles que tú dices sobre la moral?”.

Porque nuestra gente culta más querida suele apelar a ese argumento inaudito pero que, justo es reconocerlo, no deja de tener alguna fuerza: “¿Cómo vas a decir que esas dos ideologías -o que la otrora famosa Economía Social de Mercado- fracasaron, si no tenemos con qué sustituirlas? ¿Qué vamos a proponer entonces? ¿Qué le vamos a decir a la gente cuando nos pregunten por los cimientos ideológicos de nuestro enfoque doctrinario? Tú no eres político y en consecuencia no te has planteado el terrible problema de que ¡¡algo tienes que decirle a la gente cuando te pregunten por tus referentes!!”. Argumento este que -repito- no deja de tener alguna fuerza… pero que, de todas maneras, es profundamente lamentable, porque lo que le digas a la gente (por más que “algo haya que decirles”) ¡¡será una profunda y dolorosa mentira!!

Porque la Socialdemocracia, el Socialcristianismo, el Socialismo Democrático, el Liberalismo Clásico y el Neoliberalismo de finales del siglo XX, todas esas ideologías fueron barridas por la quiebra estruendosa de la Unión Soviética, el desmantelamiento impresionante del Comunismo, la caída del Muro de Berlín, el agotamiento irrecuperable del Welfare State -el Estado del Bienestar, dedicado a resolver “Lo Social”-; la profunda inestabilidad de las Políticas Económicas de los últimos 20 años; la emergencia de China Comunista, como potencia económica capitalista-salvaje; la ostensible inmoralidad de muchísimos dirigentes empresariales, que empezó aisladamente hace 6 o 7 años con Enron y WorldCom, pero que se expresó masivamente con la crisis financiero-inmobiliaria de hace dos años, etc. Una debacle complejísima que barrió con todas las ideologías políticas que florecieron en el siglo XX y que desembocó en una noción que lo resume todo -tanto la crisis, como el asomo de su solución: la Responsabilidad Social de la Empresa; más otra que está en camino: la Responsabilidad Moral de la Empresa; es decir, la necesidad de darle al Capitalismo, como realidad económica y, más aún, como propuesta política, una orientación que de alguna manera lo conecte con Lo Moral, no sólo con Lo Social, sino también con las características más profundas y entrañables de Lo Humano. ¡Aunque se moleste más todavía Bingen de Arbeloa, un apreciado amigo maracucho!

Publicado por Emeterio en El Universal el 15 de mayo de 2011

Un pensamiento en “Ni Socialdemocracia ni Socialcristianismo

  1. Apreciado Emeterio:
    Con tus conocimientos y tu valentía hay que estar listo para cualquier declaración de esta naturaleza. Ni Socialdemocracia ni Socialcristianismo. Estoy abierto a las ideas. Pero no basta plantear un problema sin buscar una salida. ¿La responsabilidad moral y social de la empresa? Utópico. La naturaleza de la empresa es especulativa sólo condicionable mediante leyes coercitivas. Democracia con sensibilidad social como sistema político luce imperativo, con todas sus imperfecciones. La empresa no es el Estado. Cordialmente, Jon Lacasa Astigarraga

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