Capitalismo popular: antecedentes


La Humanidad -y, en mayor medida, la Civilización Occidental-, a lo largo de sus diez mil años de Historia, ha desarrollado un hermoso e irreversible proceso de Igualación social y política. Desde la esclavitud más feroz, hasta la libertad individual más plena; desde las más primitivas monarquías teocráticas, en las que el rey se creía descendiente directo de Dios, hasta la poderosa noción de Democracia Liberal; desde la aristocracia feudal, en la que el Señor disfrutaba del oprobioso Derecho de Pernada: la facultad de acostarse ¡¡la noche de bodas!!, con cualquier mujer casada con un vasallo suyo, hasta la liberación femenina más radical de hoy; o, simplemente, del esclavo al vasallo y al obrero; del capitalista del siglo XVII al empresario actual, respetuoso de los Derechos Humanos; desde la sumisión fanática del Hombre (y la Mujer) a la voluntad omnipotente de un Dios arcaico, hasta el Libre Albedrío más radical impuesto por el Cristianismo; en síntesis, del Esclavismo al Feudalismo, al Capitalismo ¡¡y a la Democracia!!, a lo largo de ese complejo proceso histórico, la tendencia occidental hacia la Igualación ha sido radicalmente incontenible ¡e irreversible!

Dentro de esa tendencia más profunda y subyacente, se inscriben las presiones igualitarias radicales producidas en los últimos 400 años, a partir de la Modernidad: la institucionalización de los derechos civiles y políticos del ciudadano, la Igualdad radical ante la Ley, el arraigo definitivo de la Libertad Individual cuasiabsoluta; la Autonomía de la Conciencia Individual, como fundamento del derecho, la política, la economía y la ética; el Mercado y el libre juego de la oferta y la demanda, como la instancia en la que se constituye el valor de las mercancías; los Derechos Sociales y la Seguridad Social; la batalla crucial por la Igualdad de Oportunidades, los Derechos Humanos, la obligatoriedad de la Educación, etc., etc.; todo ello ha potenciado aquella hermosa tendencia hacia la Igualdad.

Es en ese poderoso marco, en esa tendencia irreversible -y como un factor decisivo- que se inscribe el Capitalismo Popular. Con todas sus variantes y modalidades: desde la simple democratización del capital accionario, hasta las microempresas, los microcréditos y la poderosa idea de una Sociedad de Propietarios, pasando por el cooperativismo (cuando éste es regido por la rentabilidad, obviamente), la cogestión, el outsourcing, etc.

Dentro de la grave y peligrosa crisis que vive Occidente (que siempre la ha vivido, ya lo sé, pero que en esta época -como en el siglo V a.C. y en el XV, a finales del Medioevo- se torna explosiva); dentro de esa quiebra profunda de los fundamentos filosóficos de la Libertad Individual, que logró superar al Nazifascismo y al Comunismo, pero que evidentemente se quedó “en el aire”; con toda la incertidumbre que vive la noción misma de Democracia; dentro de las inmensas dificultades para enfrentar la pobreza, Gadafi, el terrorismo, el narcotráfico, la proliferación de las mafias, la precariedad del Derecho (con México como su ejemplo más dramático); dentro de todo ese cuadro tan amenazante, el Capitalismo Popular y la Sociedad de Propietarios asoman como esperanzas entusiasmantes. Nada más poderoso que esas dos ideas para extirpar de raíz -¡y por fin!- aberraciones tales como la supuesta contradicción entre el Capital y el Trabajo, la Lucha de Clases y la Explotación del Hombre por el Hombre: tres monstruos del pleistoceno marxista, ya extinguidos, pero a los que Chávez ha logrado revivir.

P.D. Mi curso empieza el jueves 17.

Publicado el 13 de marzo de 2011 en El Universal.

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2 pensamientos en “Capitalismo popular: antecedentes

  1. S. Gonzalez dice:

    En pleno siglo XXI los venezolanos ahora descubrimos el alumbrado de día. Nuestra solución a la crisis del capitalismo es el conuco, i.e. una nación de buhoneros. Como todo el que haya cogido un cursito por correspondencia en economía, sabe que la “crisis” es inseparable del sistema Capitalista. Como en la evolución natural, donde la extinción de las especies es necesaria para la renovación y continuación de la vida, en el capitalismo es necesaria la extinción de industrias, sistemas, paises completos e individuos. La riqueza como la vida, es consecuencia de la sobrevivencia del mas apto. Feo como suena, es la realidad del sistema. Tratar de explicar el sistema capitalista, como el natural, estríctamente bajo una óptica ética es simplemente incorrecto. Sin embargo si creo que podemos intervenir para lograr disminuir los efectos nocivos que las leyes del mercado traen consigo en función de una sociedad de derechos. Fue Keynes, no Friedman, quien asignó al estado la responsabilidad de corregir los “efectos negativos” del mercado. Algo asi como que en la naturaleza nacemos personas con defectos: por ejemplo una persona puede nacer con pobre visión. Hace 10,000 años esta persona tendría pocas probabilidades de larga vida. Hoy en día un simple par de lentes corrigen el defecto genético. En el capitalismo sucede lo mismo, en el caso de paises, individuos ó empresas débiles, el estado podría intervenir artificialmente para garantizar su supervivencia. El problema entonces se multiplica por el efecto de la globalización, cómo ahora el estado decide quien sobrevive y quien no en gran escala? En estos momentos el sistema capitalista sufre de consecuencias posiblemente catastróficas debido a la gran escala con la que se deben establecer planes de supervivencia para paises enteros. De ahí el llamado al “socialismo” como salida al problema. Esto último es simplemente una ilusión. Partiendo del principio de que el Capitalismo es como la naturaleza, regido por leyes naturales, y el socialismo es como la religión, regido por autoridad y dogma, las posibilidades de fracaso son mucho mas altas en el segundo como ya la historia se ha encargado de enseñarnos. El abuso de poder es mucho mas peligroso que la pobreza. Suficientes ejemplos tenemos de sociedades autoritarias donde el conocimiento y la discusión son pecado capital. Para muestra nuestro pais, donde el dogma de la ineptitud, intolerancia e ignorancia se han establecido en nombre de la revolución.

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