Funda-Kristós


Suplemento dominical de la Iglesia: “La Fundación Kristós es ya una realidad que plenifica de alegría y esperanza a quienes apostamos por los valores del Cristianismo… “. “Funda-Kristós nace para ponerse al servicio de quienes buscan a Dios, sobre todo los marginados y los oprimidos… “. Amén de esas metas más espirituales: “esta Fundación intentará estar a la altura de las más duras exigencias de la vida intelectual… “. “Nacemos en un momento crítico para la Iglesia y para Venezuela… por eso pretendemos ayudar a cubrir la ausencia de diálogo intelectual entre la Fe Cristiana y el mundo ilustrado”.

He puesto “intelectual” dos veces en cursivas, porque -aunque me interesa en lo esencial la espiritualidad- a nivel más mundano me atraen mucho los retos al talento; por ejemplo: “la ausencia de diálogo intelectual entre el mundo ilustrado y la Fe Cristiana”. En otras palabras: ¡hay que repensar el Ateísmo! Porque pareciera que tras el drástico derrumbe de la Filosofía y de la Intelectualidad Occidental, tras los lastimosos esfuerzos de Heidegger para mitigar esa debacle ¡¡vale la pena revisar la presunta inexistencia de Dios!!

Ayer, en la Feria del Libro -ya como miembro de Funda-Kristós y en defensa del Cristianismo- asomé ese vital debate intelectual. Me tocó comentar un valioso libro: Bocetos para una Estética del Vivir, de Jonatan Alzuru. Dice allí este talentoso joven profesor de la UCV: “El sentido político del arte es anunciado por Horkheimer así: El arte, desde que conquistó su autonomía, ha preservado la utopía que se desvaneció en la religión” (pág. 10). Bien bueno que el Arte se autonomice y preserve la utopía… ¡¡pero ésta no se ha desvanecido para nada en la Religión!! Gracias a la Estética por el quite que le ha hecho a Dios en estos tres siglos de ateísmo… pero ¡nada que ver! Ella no es, ni puede ser, el fundamento último del Espíritu, como ingenuamente creyó Nietzsche. Por mucho que se aproxime a la Infinitud y a lo Absoluto del alma, ella no puede más que intuir borrosamente ese Abismo Insondable que es Dios… o la Existencia. Un abismo que sólo se puede vivir fácticamente. Que no se lo podemos contar o narrar a nadie. Porque si te apartas de él, aunque sólo sea un instante -para novelarlo, poetizarlo, sinfonizarlo ¡¡o pensarlo!!- entonces ya no es Él.

También dice Alzuru, aludiendo a Sábato: “A la novela le es aplicable lo que señala Jasper de la existencia: su ritmo es la crisis; su esencia: el movimiento; el flujo y reflujo es su condición” (pág. 159). No, Jonatan, a la novela no le es aplicable “eso”. Porque la Existencia es mucho más que “eso”. Es el instante inasible, fugaz, irrepetible, absolutamente inescrutable. Que no es que “fluye y refluye”, sino que es impensable. Tus instantes fácticos, los míos ¡¡y los de Sábato!!, que ninguna novela puede captar. Porque ningún artista puede trasmitir sus instantes existenciales. Porque éstos, más que fluyentes son absolutamente inasibles, incognoscibles, igual que Dios. Ellos son -contra Parménides- la Impermanencia; la tragedia de Heidegger, que intuyó el Existencialismo y se pasó 60 años tratando inútilmente de explicarlo; entre Dios y la Poesía, optó por ésta… y se pasó el resto de su vida teorizándola. Es exactamente la causa por la que Platón -¡con algo de razón!- rechazó a los poetas. Porque ellos sólo saben hacer copias hermosas de la realidad. Muy hermosas… ¡¡pero copias!! Porque a la Belleza tal vez se la pueda poetizar ¡pero no al Bien, ni al Mal, ni a Dios! Porque el Amor al Prójimo sólo se puede… practicar; intentar entenderlo es… “poesía”.

Publicado por Emeterio en El Universal, Notitarde y Los Andes el 2 de mayo de 2010.

Un pensamiento en “Funda-Kristós

  1. Luis S. dice:

    Profesor Gómez, con mucho respeto, no sé por qué Usted insiste en identificar a dios con un “abismo insondable” o con la “infinitud” o el “Absoluto del alma”. ¿Para qué, entonces, lo llama dios, si existen nombres más precisos, como los citados? Según mi experiencia la religión sólo sirve para procurar consuelo, y un hombre que requiere consuelo no está en capacidad de ver con claridad, ni de desentrañar misterios.
    Por otro lado, su desestimación para con los poetas (y la poesía y el arte en general) es típica entre los llamados “pensadores”. Sepa que hace mucho tiempo que los artistas dejaron de hacer “copias hermosas de la realidad” para hacer realidades en sí mismas, hermosas o no. Y no pretendemos que la Estética sea “el fundamento último del espíritu” (si es que tal cosa pudiera existir), ni que la poesía explique el amor al prójimo (¡por favor!). No, no pretendemos nada de eso con la poesía. La creación artística es misterio para el creador, así como dios es misterio para los pensadores, supongo, pero son dos clases de misterios muy diferentes. No se hace arte para entender o explicar al mundo, ni para preservar ninguna utopía. Tampoco para consolarnos en nuestra perplejidad ante el misterio de la existencia. En realidad no sabemos para qué se hace arte, pero sí sabemos para qué no se hace.

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