“No hay ninguna naturaleza humana”


Saramago no entiende nada

Publicado por Emeterio en El Universal el 25 de octubre de 2009.

Porque no entiende lo esencial: que tanto Dios como el Espíritu humano son misterios absolutos, insondables ¡que no tenemos ninguna posibilidad de entender! Que nada -por mucho que explique la esfera neurológica del cerebro- nos permitirá captar científicamente la DIMENSIÓN SAGRADA del hombre. O peor, mucho peor, que si lo logra, todo habrá perdido sentido porque habremos demostrado ¡que no había nada SAGRADO! Que somos “cosas”, animales o simple MATERIA IDIOTA

Saramago ha dicho -en SIETE DÍAS de EL NACIONAL– que “se necesita tener un altísimo grado de religiosidad para ser ateo”. Se nota que este buen señor no ha llegado a intuir siquiera la infinitud absolutamente inescrutable de lo humano. Que no ha captado que detrás de esa religiosidad suya que le permite ser ateo se esconden niveles crecientes de religiosidad, cada uno más profundo (precisamente lo inaccesible, lo SAGRADO, Dios), que nos impiden ser ateos. Niveles de espiritualidad y religiosidad que se pierden en elINFINITO y el ABSOLUTO y que una vez sentidos o “accesados”, decir que se es ateo resulta bobo. 

Cuando se contempla de cerca la condición infinita del Espíritu, cuando se llega a sentir que mientras más lo intuimos ¡más queda de él por intuir! y sobre todo, cuando entendemos que de ese INFINITO deriva el carácter ABSOLUTO del Espíritu, o sea, la capacidad que él tiene para imponerse determinados sentimientos, valores morales y, lo esencial, el Amor al Prójimo; cuando entendemos que no es (sólo) que el amor por los demás “nos nace” espontáneamente, sino que la verdadera noción de Dios es descubrir que podemos DECIDIR amarlos o no, perdonar la peor de las ofensas o no, simplemente porque nosotros nos lo imponemos (o no) y que esa posibilidad INFINITA Y ABSOLUTA, “eso” es Dios; cuando me percato de todo esto capto también lo necio que es creer que se puede ser ateo. 

Dice también Saramago que el “no necesita de Dios para tener una ética”. ¡Que Dios lo ayude! Que pobrecito es: tampoco entiende lo que es la ética. Él es de los que aún creen que ésta “se tiene”; no ha descubierto que ella sólo puede existir como respuesta al tamaño de las presiones, amenazas o tentaciones que la realidad ejerce sobre nuestros valores, que esas tentaciones o amenazas pueden ser cada vez mayores y, literalmente, infinitas. Y que cuando ellas son a una escala humana, cuando son LLEVADERAS, cuando no se está en medio de una tragedia, ciertamente no necesitamos de Dios; pero que cuando se te muere un hijo o ¡peor! cuando te lo secuestran y te lo van a matar porque no tienes para pagar el rescate, cuando llegas a los confines de lo humano, entonces es cuando vas a saber lo que Dios es. Tal vez Saramago no ha leído este fragmento de Leibniz: “CIERTAMENTE, SI DIOS EXISTE ¿CÓMO EXPLICAR EL MAL? PERO SI NO EXISTE ¿CÓMO EXPLICAR EL BIEN?”

Una última muestra de que el susodicho no entiende nada: él cree que puede diferenciar lo ESTÉTICO de lo SAGRADO. Leamos: “Pregunta: ¿Hubo algo cercano al creer en su vida? Pues la verdad sí, una vez en la iglesia románica de Coimbra sentí algo& Confieso que sentí una emoción intensa, pero al reflexionar determiné que era una emoción estética”. Que lástima señor, usted se lo pierde. Que limitadito es: “reflexionó” y determinó que era una emoción estética. ¡Cómo se ve que no ha pasado de la Estética! Él cree que reflexionando se pueden captar los niveles inefables del arte& y del Ser. No ha intuido que la Estética, cuando no logra acceder a lo Sagrado, a la noción de Dios, es tan sólo eso, lamentables “obras de arte”.

Carolina, el Mal y la Esperanza

Publicado por Emeterio en El UniversalNotitarde y Los Andes el 1 de noviembre de 2009.

Carolina Jaimes Branger, una amiga muy querida, nos ha hecho una crítica en su artículo ¡Buenas noticias, Emeterio! publicado en El Universal, el 19/10/09. No queremos pelear con una mujer tan bella, pero tampoco puede uno quedarse “con esa”.

“Caro” arremete afectuosamente contra un planteamiento que he venido haciendo en esta columna: la Civilización Occidental nos ha inculcado una visión demasiado optimista de la condición humana. Todo el énfasis ha sido puesto en el Bien, la Justicia ¡¡y el Amor al Prójimo!! Ni Platón ni Jesucristo, los dos grandes fundadores, le dedicaron mucho tiempo a reflexionar o a predicar sobre o contra el Mal. Nunca se nos dijo que cualquier esfuerzo por imponer el Bien o el Amor tenía que confrontarse con las tendencias más poderosas hacia el Mal que -también- parecieran inherentes al Hombre. Y, lo más importante, se nos ha sembrado en el Inconsciente la errónea idea de que la Moral es simplemente “el conjunto de principios y valores que guían nuestra vida”; por supuesto, hacia el Bien, la Justicia, etc. Lo que nunca se nos explicó adecuadamente, ni se le puso mucho énfasis, es que nuestros valores deben enfrentar y superar las brutales presiones que el Mal ejerce contra ellos. Que hacer el Bien o ser honestos cuanto no existen “razones” para hacer lo contrario es fácil. Que, como dijo Jesucristo y Mel Gibson repite en su película sobre él: ¡¡Amar al que te ama o respetar al que te respeta, no tiene ningún mérito!! Que la verdadera esencia de lo Humano es ¿qué hacemos frente al que no nos ama o no nos respeta? En síntesis, que se necesita mucha más de la fuerza moral que Jesús supuso, para “poner la otra mejilla”.

Tal vez la forma más contundente de mostrar ese dañino sesgo optimista de Occidente a favor del Bien, es destacar que nos llevó hasta el siglo XX -dos mil quinientos años después de Platón y dos mil después de Jesucristo- para comprender toda la inmensa fuerza del mal. Es después de las dos guerras mundiales y, sobre todo, después de todas las masacres del Comunismo, el Nazismo y el Fascismo, después de la degradación humana a la que nos condujeron Hitler, Stalin y Mao, que Occidente llegó a descubrir toda la profundidad del mal que los humanos somos capaces de albergar y generar. Son esas frases trágicas de papas, filósofos y poetas: “¿Dónde estaba Dios cuando Auschwitz?”, “¿cómo hablar de ética después del holocausto?” Y, la que más nos afecta: “¿Quién se atreverá a hacer poesía después de los campos de concentración?”. Recomendamos en ese sentido la lectura de un extraordinario libro: El Mal Radical, de Richard Bernstein. Edit. Fineo.

Sí, Carolina, alguna esperanza genera el descubrimiento arqueológico de esa ciudad que al parecer vivió 1.000 años sin guerra, pero ¿cómo hacernos demasiadas ilusiones, si todas las demás han estado siempre en guerra? Si como dice demoledoramente André Glucksman, en Occidente contra Occidente: ¡¡los únicos períodos de paz son aquellos en los que se prepara la próxima guerra!!

Yo soy sin embargo, profundamente optimista, querida amiga. Creo que no hay nada inscrito o grabado en el Alma Humana, ni el Mal, ni el Bien; en otras palabras, creo firmemente que no hay ninguna Naturaleza Humana. Por eso soy optimista: porque como no tenemos nada, absolutamente Nada, en el alma, ¡¡podemos poner allí lo que queramos!! O, más claramente, Dios puede poner allí lo que queramos. Y puestos a escoger libremente entre el Bien y el Mal, Él es la posibilidad de que gane el Bien, aunque sea por poco margen. Descubrir a Dios es eso, amiga. 

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2 pensamientos en ““No hay ninguna naturaleza humana”

  1. Pedro Luis Barreto M. dice:

    (omitido) hoy me he encontrado de repente con sus comentarios (o ellos me han encontrado intempestivamente a mí!) y he leído algunos… Le confieso que se ha producido un terremoto gigantesco en mi interior…
    Ese es mi comentario…
    Me gustaría, si fuere posible, acceder a mas amplia información sobre sus diferentes comentarios… Gracias!
    Pedro Luis

  2. José R dice:

    Respecto a “No hay ninguna naturaleza humana”

    Emeterio dice: Tanto Dios como el Espíritu Humano (la dimensión sagrada del hombre) son misterios absolutos, insondables, inescrutables, infinitos, que no tienen posibilidad de ser entendidos por la razón del hombre. No obstante, dice que, existen niveles crecientes de religiosidad, cada vez más profundos. (¿?). ¿Entonces, sí se ha entendido y medido?
    Y agrega: Niveles de espiritualidad y religiosidad que se pierden en elINFINITO y el ABSOLUTO, que pueden ser sentidos o “accesados”. Entonces el hombre puede percatarse o sentir de que tiene una facultad para trascender su materia y llegar con su Espíritu a un estado o dimensión SAGRADA, donde puede sentir y consustanciarse con Dios. ¿Entonces el hombre puede sentir su Espíritu en una dimensión sagrada, con diferentes grados de intensidad en su acercamiento hacia Dios, pero sin poder entenderlo?

    Después dice que sí se entiende: “Cuando se contempla de cerca la condición infinita del Espíritu, cuando se llega a sentir que mientras más lo intuimos ¡más queda de él por intuir! y sobre todo, cuando entendemos que de ese INFINITO deriva el carácter ABSOLUTO del Espíritu, o sea, la capacidad que él tiene para imponerse determinados sentimientos, valores morales y, lo esencial, el Amor al Prójimo; cuando entendemos que no es (sólo) que el amor por los demás “nos nace” espontáneamente, sino que la verdadera noción de Dios es descubrir que podemos DECIDIR amarlos o no, perdonar la peor de las ofensas o no, simplemente porque nosotros nos lo imponemos (o no) y que esa posibilidad INFINITA Y ABSOLUTA, “eso” es Dios; cuando me percato de todo esto capto también lo necio que es creer que se puede ser ateo.
    Ahora no solo dice que se entiende (comprender, razonar, explicar) que el humano tiene un Espíritu, sino que es ABSOLUTO, único para todos los hombres. Y además, que se deriva, o es consecuencia, de otra característica: ser INFINITO. O sea que, ¿no tiene fin ni principio? ¿Puede tener un escalar de tiempo y/o espacio?
    Otra facultad del Espíritu es su independencia, o sea la capacidad de decidir por sí mismo, sin la intervención ni la aprobación de ningún hombre, dado su carácter absoluto y no material. También tiene la libertad de imponerse los sentimientos que considere apropiado, según ocasión y circunstancia (buenos o malos, según convenga) y, en consecuencia, tiene diferentes patrones o modelos de Valoraciones para medir la Moral e impartir justicia al comportamiento (Ética) de los hombres.
    La verdad Profesor, es que cada vez me siento más confundido. El Espíritu es Absoluto, es autónomo e independiente de los hombres en sus decisiones. Aunque no pertenece a la dimensión de los hombres, tiene la facultad de evaluar el comportamiento de los hombres e impartir justicia, según la Moral de las circunstancias. Estimo que si es absoluto debería tener una sola Moral, o tabla de valoraciones, para imponer justicia entre los hombres; pero no es así, tiene, igual que los hombres distintas circunstancias que provocan diferentes conductas y, en consecuencia, distintas valoraciones. La verdad es que no se cómo se las arregla el Espíritu para ser imparcial en el castigo y corrección de los hombres.

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