Lo Racional vs. lo Moral (Comentarios sobre el Cristinanismo)


Jesucristo o Aristóteles

Publicado por Emeterio en El Universal el 20 de mayo de 2007.

La grave crisis que vive Venezuela, de alguna manera se conecta con la no menos grave que sacude a la civilización occidental. Cualquier esfuerzo que hagamos para salir de la nuestra y, más aún, la posibilidad de reconstruir el país cuando esta locura chavista explote, pasan sin duda por una comprensión adecuada de la precariedad intelectual que socava a Occidente. Precariedad incubada a lo largo de 3.000 años y que permanentemente nos evoca un dramático punto de quiebre.

Para aproximarnos a esa profunda endeblez de la cultura occidental -¡¡en la cual no podemos apoyarnos ni para enfrentar a Chávez ni mucho menos para reconstruir el país!!-, una vía muy fértil es el cotejo entre el cristianismo y la filosofía griega, los dos ejes de nuestra civilización.

Porque buena parte de las profundas fallas que ésta tiene -la esencia de su “ya no dar más”- viene de ese injerto mal armado entre espíritu y razón, esto es, entre Jesucristo y Platón primero y Jesucristo y Aristóteles, mas tarde, que se produjo a lo largo de la Edad Media.

Un injerto que, además, no fue parejo ni equilibrado, porque Atenas predominó abiertamente sobre Jerusalén. La rampa de lanzamiento estaba lista para que, con Descartes y la filosofía moderna, la lógica aplastara -si no definitivamente, sí hasta nuevo aviso- al alma. Lo que vino después fue trágico: la razón se impuso radicalmente, sólo que convertida ahora en ciencia, tecnología, maximización de la ganancia, publicidad, planificación estratégica, cirugía plástica, outsourcing, etc. Cualquier cosa, menos Amor al Prójimo o identificación espiritual con nuestros semejantes.

Degustemos este triunfo aplastante de la razón griega -primero contra la poesía y luego contra la religión- en las hermosas palabras de María Zambrano, filósofa española: “Es en Platón donde encontramos entablada la lucha con todo su vigor, entre las dos formas de la palabra, resuelta triunfalmente para el logos del pensamiento filosófico, decidiéndose lo que pudiéramos llamar ‘la condenación de la poesía’; inaugurándose -para ésta- la vida azarosa y como al margen de la ley, su andar errabundo¿ su locura creciente, su maldición. Desde que el pensamiento consumó su ‘toma del poder’; ¡¡la poesía se quedó a vivir en los arrabales!!…”.

Y luego, contra la religión: “¿ ‘En el principio era el verbo’, el logos, la palabra creadora y ordenadora, que pone en movimiento y legisla. Con estas palabras, la más pura razón cristiana viene a engarzarse con la razón filosófica griega. La venida a la tierra de una criatura que llevaba en su naturaleza una contradicción extrema, impensable, de ser a la vez sagrado y humano, no detuvo con su divino absurdo el camino del logos platónico-aristotélico, no rompió con la fuerza de la razón, con su primacía¿ ésta, como raíz última del universo, seguía en pie”.

Un indicio de hasta dónde la razón helena se ha impuesto al cristianismo es que María Zambrano ¡¡en párrafos dedicados a comentar esa imposición!! llama logos y razón cristiana a “la palabra creadora y ordenadora”, esto es, al espíritu.

¿Lapsus o muestra clara del error profundo de Occidente: creer que la razón pueda ser “la raíz última del universo” o del ser? La disociación radical entre poesía, religiosidad y razón, que no puede producir sino un hombre y una sociedad dolorosamente escindidos. Un punto de partida muy débil a la hora de enfrentar la barbarie mesiánica y, sobre todo, a la hora de rehacer un país.

Racionalidad y Religión

Publicado por Emeterio en El Universal el 2 de diciembre de 2007.

Así se llama nuestro último libro, que ya salió de la imprenta. Un esfuerzo por aportar ideas contra la profunda crisis que vive la Humanidad. Crisis esta que tiene dos componentes. Uno: la quiebra definitiva de la Racionalidad, el cimiento de la Civilización Occidental. Y dos: las inmensas dificultades de la Religiosidad para llenar ese vacío. Es el síndrome clásico de las épocas de transición, en las que lo viejo ya murió, pero lo nuevo no acaba de nacer. Siendo lo viejo el pensamiento racional, concebido como fundamentode lo humano; esa “muerte clínica o técnica” que se expresa en la creencia ingenua de que la Razón pueda ser prácticacrítica, dialéctica, vital o, en el colmo de la insensatez:sensiblesintiente. Y siendo lo nuevo que no acaba de surgir, el relanzamiento de la Religiosidad sobre bases no dogmáticas, no fundamentalistas o, más difícil aún, ¡¡no autoritarias!!

El libro asume la quiebra de la Razón -¡¡o sea, de la filosofía!!- a través de una respuesta sistemática a los enfoques del profesor Francisco Rivero, expresados en su prólogo a otro texto nuestro: La Responsabilidad Moral de la Empresa. Allí, él hace una crítica despiadada -pero en buena medida justa- a la filosofía moderna y al liberalismo clásico. Para fundar esa crítica lamentablemente apela a la filosofía griega -a los eternos Platón y Aristóteles- sin percatarse de hasta qué punto el pensamiento de ambos genios es hoy insostenible.

Asunto vital

La defensa de la Religión es vital en una época en la que abundan contra ella los más infundados ataques. En su artículo del domingo pasado -en El Nacional– el también respetable profesor de filosofía Massimo Desiato, se lanza contra la religión con argumentos por demás increíbles. Dice Desiato: “Sociológicamente hablando, la religión y las diversas confesiones e instituciones que la representan -en nuestro caso, el catolicismo- no son interpretadas como portadoras de verdades reveladas, sino en cuanto constituyentes o constituidoras del orden social. En el orden político, como dijera Napoleón: ‘En lo que a mí concierne, yo no veo en la religión el misterio de la encarnación, sino aquel del orden social; ella asocia una idea de igualdad en el cielo, e impide que el rico sea masacrado por el pobre¿ Sin disparidad de patrimonios la sociedad no puede subsistir, y la disparidad de patrimonios no puede subsistir sin religión’¿”.

“Pensado”

Que Napoleón haya “pensado” estas “ideas” es comprensible, porque su genio era tan sólo militar. Pero que el profesor Desiato las cite¿ ¡¡Por supuesto que sin la religión no podría subsistir la disparidad de patrimonios y los pobres masacrarían a los ricos, tal como ocurrió en China, Cuba o la Unión Soviética!! Pero la disparidad de patrimonios es -en alguna medida- expresión de las inmensas desigualdades en la inteligencia, la creatividad, la inventiva o la capacidad de liderazgo. ¡¡Y es al manejo estas duras desigualdades entre los hombres hacia donde apunta la religión!! Porque ella -amigo Desiato- no es sólo lo que el genio filosófico de Napoleón creyó: “el misterio de la encarnación”. Ni es sólo lo que “sociológicamente hablando” usted parece asumir: “portadora de verdades reveladas”. Ella -más allá de todo eso- es expresión de la espiritualidad profunda del ser humano. Porque después de la encarnación hay un misterio más insondable aún: ¡¡la infinita incognoscibilidad del alma humana!! Algo que Napoleón debe haber intuido en la batalla de Waterloo.

¿Qué es una Decisión?

Publicado en El Universal el 29 de junio de 2008.

Para mejorar nuestra capacidad de tomar decisiones o, aunque sólo sea, para reflexionar sobre ello, cabe plantearse dos temas previos estrechamente relacionados: uno, menos importante, de carácter práctico: ¿qué es, en sentido estricto, una decisión? Y 2) el verdadero problema: ¿cómo entendemos lo humano? ¿Cómo se entiende usted a sí mismo como humano? Y, sobre todo, ¿qué relación puede haber entre su visión de sí mismo como humano y su capacidad de tomar decisiones?

1.- En cuanto al primer tema, suelo iniciar mi taller de Ética, Lógica y Toma de Decisiones, con una pregunta tramposa: cuando estás ante la necesidad de tomar una decisión, ¿apelas a la razón para tomarla o, más bien, ella te evita tener que tomarla? La reacción -al parecer contundente- no se hace esperar: es obvio, profesor, que la respuesta a su pregunta va en el primer sentido y no en el segundo; es evidente que necesitamos razones firmes para tomar decisiones. Pero, además, ¡¡no entendemos cómo puede usted -en un taller para gerentes- plantear que haya que evitar las decisiones en lugar de asumirlas!!

Eso de creer que apelamos a la Razón para tomar decisiones -y no para evitarlas- es una expresión crasa del error o mal entendido en el que ha incurrido nuestra cultura desde hace 2.500 años, ¡o sea!, desde siempre. Seguimos creyendo que es razonando (o analizando la realidad que tenemos delante) como podemos tomar decisiones; cuando es exactamente al revés: mientras más poderosas sean las razones que tenemos para hacer -o no hacer- algo, menos habrá que decidir, es decir, más obvio será lo que tenemos quehacer. ¡¡De manera forzosa y no porque decidamos hacerlo!! Repito: no lo que debemoshacer, sino lo que tenemos que hacer.

2.- El problema de fondo, el que nos conecta con la dimensión más profunda de lo humano… y con la toma de decisiones: la necesidad de intuir que lo racional es una esfera superficial de la Psiquis, una delgada capa que sobrenada o se superpone a los sentimientos, sensaciones, instintos, intuiciones, pasiones, emociones, creencias, dogmas, tabúes, valores y pulsiones animales de todo tipo. La necesidad de entender que esa vieja definición que nos asume como “Animales Racionales” es un inmenso error. Un dogma (que nuestra esencia es la Racionalidad) estrechamente ligado a otro: aquel según el cual entre la Razón y la Moral hay una clara conexión, un nexo que le permite a ésta fundarse en aquélla.

El primer día de nuestro taller está destinado a inculcar en el participante que no existe tal conexión, que la Moral y la Razón no se empalman en lo más mínimo; “razón” por la cual es tan difícil y problemático, no sólo tomar decisiones, sino… ser humano. ¡¡Qué fácil serían ambas cosas si fuese cierto que analizando racional y rigurosamente la realidad que tenemos por delante pudiéramos deducir lo que debemos hacer en el plano moral!! Es decir, qué fácil sería todo, si del conocimiento del Ser se derivase o se pudiese deducir el Deber Ser moral.

El punto de partida para profundizar en nuestra capacidad del tomar decisiones es -¡precisamente!- trascender la dimensión racional, o sea, ¡¡acceder a nuestra dimensión moral!! Comprender que la Toma de Decisiones pertenece a la esfera de la Ética y no a la de la Lógica. Empezar a intuir que sólo estamos ante una Decisión cuando la Razón no nos sirve para nada, cuando ella no puede ayudarnos en lo más mínimo. Es decir, cuando con estrictamente el mismo contexto y exactamente las mismas razones podemos perdonar o no una ofensa, matar o no a alguien, ¡¡invadir o no a Irak!!

La Impotencia Moral de la Razón

Publicado por Emeterio en El Universal el 7 de diciembre de 2008.

Discutíamos intensamente con un amigo la noción de lo Humano en Martín Buber. Ese pequeño-inmenso libro ¿Qué es el hombre? que tanto nos marcó hace 15 años. El hombre, no como individuo aislado, sino como Relación. No el Tu, ni el Yo, sino el “Tú y Yo”, como unidad. Muy en contra de tu opinión, Emeterio, el Ser Humano es cognoscible. No a través del conocimiento racional, pero sí mediante la intuición, la fe y el sentimiento. Puedo sentir el Espíritu del otro y ese sentir es ya un conocer. No conceptual, pero sí vivencial, existencial. Cuando siento mi dolor, puedo sentir -e intuir- el del otro. “Entre” el tú y el yo, se constituye la verdadera realidad humana. No la tuya ni la mía, sino precisamente ese “Entre”, esa conexión espiritual que es lo realmente humano.

Disculpa que insista, amigo, he leído y trabajado mucho a Buber. Esa hermosa visión suya de Dios como “la relación entre Tú y Yo” me ha ayudado mucho en todos estos años de búsqueda espiritual; pero  ¡dicha visión se estrella en dos hechos poderosos! Uno es el intenso e incontenible fluir de la realidad. De toda realidad, pero más aún de la espiritual. Es el “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”, que he comentado en mis últimos artículos. Ese Tú y ese Yo, que entran en relación; ese “Entre” que se constituye entre nosotros -y que alguna ilusión de conocimiento nos produce- un segundo después, ¡ya no es el mismo; es un puro pasar!

Pero ese fluir eterno e intenso, incontenible ¡e infinito!, con todo lo decisivo que es, es “lo de menos”; el verdadero problema que impide conocer lo Humano, es la impotencia moralde la razón, la disociación radical y absoluta entre el conocer y el valorar; entre, por un lado, la aprehensión de las realidades externas a nuestro espíritu (¡así sea la esfera cosificada o alienada de ese mismo Espíritu, las vivencias fluyentes convertidas en cosas: recuerdos, rencores y resentimientos!) y, por otro lado, la capacidad moral de imponerle valores a la realidad. Es el hecho moral ¡que no forma parte de nuestro Ser!, que no puede ser captado por ningún conocer, lo que finalmente nos convierte en esta Cosa Incognoscible que somos. Esa tragedia que, según Salvador Paniker, Eurípides llamó la Impotencia Moral de la Razón: Yo puedo llegar a conocer lo que Tú eres a través de una profunda compenetración espiritual y vivencial; pero, cualquiera de los dos -tanto Tú como Yo- a partir deese mismo Ser, puede hacer el Bien más hermoso o el Mal más horrendo.

Occidente necesitó más de 2.000 años para comprender esa “tragedia”. Hume, por fin -en 1750- se acercará al rollo profundo de lo Humano, al ratificar que la moral no se conecta para nada con ningún tipo de conocimiento. Porque “del Ser no se puede deducir jamás el Deber Ser”.

Tuvimos que abandonar precipitadamente la discusión con nuestro amigo, porque teníamos un compromiso. Nos metimos en el horrendo tráfico caraqueño y nos pusimos a oír el discurso de Chávez en Valencia, en la toma de posesión del nuevo alcalde chavista ¡impuesto por la Oposición! ¿Qué pensaría Buber de su teoría acerca de lo Humano, sí hubiese tenido la suerte de conocer a Chávez? ¿Cómo puede una mente disociarse tanto de la realidad & sin estar loco? ¿Cómo puede alguien adentrarse tanto en el absurdo, a partir de un conocimiento de la realidad? ¿Cuánto puede ahondarse el infinito abismo que nos separa de él, sin que ni él ni nosotros estemos locos y sin que cuente para nada el “Entre” entre Él, Tú y Yo? Y, lo más importante, sin que ni él ni nosotros tengamos la Razón.

El Cristianismo: la Gran Esperanza

Publicado por Emeterio en El Universal el 29 de marzo de 2009.

En GOLPE A GOLPE, con Fausto Masó y Roberto Giusti, en RCR, hemos grabado una fraternal discusión con el padre José Gregorio Salazar, subsecretario de la Conferencia Episcopal. El debate -centrado en la eutanasia- será transmitido el jueves santo a las 8:00 am. Rogamos al lector oírnos.

Esa discusión me llevó a releer el capítulo sobre el Cristianismo de Aprender a Vivir, un libro de Luc Ferry que junto con el de Savater -LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO- alimentan la parte II del texto que estamos escribiendo, ¿QUÉ ES LO HUMANO& EN TI? Ambos autores coinciden en una endeble defensa de la Filosofía y de la Razón ante las muy superiores fuerzas de la Teología y la Religión. Ferry es, sin embargo, mucho más generoso que Savater a la hora de reconocerle méritos al Cristianismo. Mis lectores tienen que leer ese bello capítulo 3 de APRENDER A VIVIR: la victoria del Cristianismo sobre la Filosofía Griega.

Victoria que se concreta y se expresa en la supremacía de la Fe y la Moral sobre la Razón,¡DE LO HUMANO SOBRE LO NATURAL! Porque Ferry asoma incluso la tesis que en nuestra opinión lo resume todo: que lo Humano, la dimensión espiritual del hombre, nada tiene que ver en última instancia con la naturaleza, el fundamento de la filosofía griega. Que de verdad somos Imagen y Semejanza de Dios, ¡por mucho que seamos TAMBIÉN Imagen y Semejanza de las bestias!

El Cristianismo es el salto formidable de una visión del Hombre centrada en lo natural, la necesidad, la Razón, la exterioridad y el mundo, a otra centrada en el Espíritu, la libertad individual, la interioridad, el alma, la conciencia y la persona. Pero es, sobre todo, el salto espectacular del pensamiento inerte a la calidez de los sentimientos y, más aun, ¡a la dureza de los sufrimientos! De los conceptos y ESENCIAS abstractas, muertas y vacías, a laEXISTENCIA, a la vida concreta y fáctica, “de carne y hueso”; el salto que Aristóteles no pudo dar ¡que no podía dar!, de las Sustancias Segundas, las ideas, a las Sustancias Primeras, los individuos. UN SALTO QUE PACIENTEMENTE ESPERABA POR JESUCRISTO.

Pero la amplitud de Luc Ferry -halagando al Cristianismo- va mucho más allá: ¡el salto inmenso que el Mesías se pegó no fue sólo el de la primacía de la Libertad Individual sobre la Necesidad y la Naturaleza! De los dos grandes valores que definieron la superioridad de Occidente sobre Oriente -la Libertad y la Igualdad- el Cristianismo, no conforme con aportar el primero, aportó también el segundo: la reivindicación de los más humildes como seres estrictamente iguales a los más “nobles”. Frente a las lamentables castas hindúes, la Democracia; y frente a la aristocracia griega disfrazada de democracia y a la sabiduría FORMAL de la filosofía ¡la radical igualación ESPIRITUAL de los más ignorantes y los más cultos! Y como secuela de todo ello: la dificultad notable que hoy tienen las sociedades no cristianas para ACCESAR a la Democracia.

De allí la última parte del diálogo con el padre Salazar: si el Cristianismo es todo esto, si él (junto con el Budismo y otras religiones del más Lejano Oriente) es una gran esperanza frente a la profunda crisis que vive la Humanidad, ¿por qué no sacarlo de ese increíble dogmatismo que se aferra desesperadamente a la Racionalidad Griega y a la Teología Medieval? ¿Por qué no hacerlo ahora, aprovechando que la Filosofía -la griega, la moderna y la posmoderna- fracasaron rotundamente? ¿Por qué no evitar explosiones dogmáticas tan dañinas como ésta de los condones que Benedicto XVI ha escenificado en África?

El Dogmatismo Anticristiano

Publicado por Emeterio el 5 de abril de 2009.

Como era de esperar mi artículo sobre el Cristianismo desató algunos demonios, dogmas religiosos y antirreligiosos que habitan en lo más profundo del Inconsciente y de la Sociedad. Desde los devotos que reducen el complejo problema de lo sagrado a LA PALABRA DE DIOS y a la certeza de que ésta no se discute (como si en estos tiempos de hermenéutica, polisemia e interpretaciones, pudiese alguien saber cuál es exactamente esa PALABRA), hasta los ateos dogmáticos, ¡fanáticamente seguros! de que Dios no existe. Ésos te abarrotan el MAIL con los mismos argumentos infantiles de los años sesenta, cuando éramos marxistas o -un poquito más respetables- con las zonceras de Nietzsche acerca de la presunta muerte de Dios.

Para ambos bandos, pero sobre todo para los ateos militantes y anticristianos furiosos, vaya esta breve reflexión: ser ateo hoy es de un primitivismo lamentable. ¡Tan lamentable y primitivo como aferrarse a la escolástica medieval! El que en el siglo XXI desee abordar estos temas con propiedad, tiene que asumir dos debacles HISTÓRICAS. Una fue la crítica demoledora de la Filosofía Moderna a la susodicha Escolástica, que nos impide seguir aferrados a la teología de Tomás de Aquino, por mucho que se la llame Neotomista. La otra debacle es la crítica, más aplastante aún, que el Irracionalismo decimonónico le hizo a la Filosofía Moderna y a la noción de Razón. Seguir hoy siendo ateo (o creyente) sin asomarse a esta doble catástrofe intelectual -¡que dejó a la Civilización Occidental sin el menor asidero!- es, por decir lo menos& dogmático. Y tampoco es que haya mucho rollo con ello: cualquiera tiene pleno derecho a ser CREYENTE MEDIEVAL O ATEO INGENUO.

La primera de estas dos debacles, que podemos asumir como puntos de partida para reflexionar sobre Dios -la crítica de la Modernidad a la Teología Medieval- se centró por supuesto en la noción de Libertad. Desde siempre el Cristianismo había postulado el LIBRE ALBEDRÍO como el rasgo esencial del hombre, pero en los 1.500 años anteriores al siglo XVII esa noción estuvo rigurosamente atada al poder temporal de la Iglesia. A partir de Descartes la Libertad pasa a conectarse con la conciencia individual y la subjetividad humana. Una revuelta contra Roma y el Catolicismo que dio origen -precisamente- al ateísmo ingenuo que todavía hoy tenemos que CALARNOS.

La segunda debacle, el otro punto de partida para pensar a Dios, fue la brutal arremetida de los pensadores POSMODERNOS contra la creencia dieciochesca según la cual la Libertad Individual podía fundarse en la Razón; contra la ilusión de que las dos fuesen conciliables y -lo esencial- que la Razón pudiese controlar a la Libertad. Aterrado, el siglo XX nazifascista descubre que ésta no tiene límites, nada que pueda ponerle frenos. Que la Libertad Individual es absoluta; que es posible matar, torturar o descuartizar seres humanos, sin que Dios nos castigue, nos sintamos mal o la culpa nos impida dormir. Es ese rudo reto de Wittgenstein que acabó con lo poco de la Cultura Occidental que Nietzsche había dejado en pie: “Yo debo respetar mis valores éticos, pero si no la hago ¿qué?”.

Liquidadas la versión medieval de Dios, la Racionalidad y la Filosofía, ahora es cuando la Religión y la noción de lo Sagrado o lo Divino pasan a tener valor. Ahora es cuando el hombre está empezando a descubrir o a intuir la fuerza infinita de la noción de Dios, la conexión espiritual con esa esfera de lo absolutamente incognoscible que -sin la menor duda- constituye al mismo tiempo al Universo y a nuestras almas.

3 pensamientos en “Lo Racional vs. lo Moral (Comentarios sobre el Cristinanismo)

  1. fegapa dice:

    Este señor, tiene toda la razón y no la tiene, al mismo tiempo y desde el mismo punto de vista.

  2. fegapa dice:

    Dn Emeterio,
    No se puede combatir a la razón con la razón sin caer en contradicción.

    Combatir a la razón y a sus principios desde la irracionalidad, (es decir desde una postura carente u opuesta a la razón) o desde la arracionalidad (pref “a”. denota privación o negación de la propia razón), es caer en el absurdo.

    Desde el instante mismo en que cualquier persona pretenda invalidar a la razón (y por lo tanto a los principios en que ésta se fundamenta), cualquier afirmación posterior que haga, no importa cual sea, puede ser simultáneamente y desde la misma perspectiva afirmada y negada.

    Los principios en que la razón se fundamenta son trascendentes (lo que es, es y lo que no es, en cualquier instancia o dimensión) y proceden de la misma fuente trascendente (Dios) de la cual proceden los principios morales y los valores.

  3. fegapa dice:

    Fe de erratas

    En el último párrafo dice:
    “Los principios en que la razón se fundamenta son trascendentes (lo que es, es y lo que no es, en cualquier instancia o dimensión) y proceden de la misma fuente trascendente (Dios) de la cual proceden los principios morales y los valores.”

    Debe decir:
    Los principios en que la razón se fundamenta son trascendentes (lo que es, es y lo que no es, no es, en cualquier instancia o dimensión) y proceden de la misma fuente trascendente (Dios) de la cual proceden los principios morales y los valores.

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