Argenis Gamboa y el Caserío Arismendi


Era el bautizo de un libro –Argenis Gamboa, Pionero Siderúrgico Venezolano– escrito por Jóvito Martínez; también éste, entrañable amigo, sólo que en mala hora fallecido. Éramos Maxim Ross y yo los encargados de presentar el texto; era un gentío impresionante de caras amigas, esas últimas cuatro décadas del siglo XX, la Venezuela Democrática que se quedó en el país con todas las ganas de pelear por él. Era un merecido homenaje para un hombre, Argenis, que sintetiza en su persona y en sus 85 años -junto con Andrés Velásquez, Sucre Figarella y tantos otros- los esfuerzos inmensos por hacer de Guayana un Polo de Desarrollo; y no esa tragicomedia dolorosa en la que hoy la han convertido.

Leyéndolo, hubo un detalle que me enterneció. Yo sabía que Argenis era margariteño, pero no sabía lo esencial: el ¿y de qué parte hijo er diablo? Jóvito narra cómo el futuro siderúrgico salió de su pequeño pueblo, San Juan Bautista, a estudiar fuera del país; y yo me puse a evocar mi infancia y la posibilidad que también tuve de salir… habiendo nacido en una mínima aldea, muy cerca del pueblo de Argenis, precisamente, el Caserío Arismendi, mejor conocido como La Vecindad. Y los ojos gafos se humedecieron, traicionando la férrea y tonta imposición paterna que todavía me dura: que “los hombres no lloran”. Fue el recuerdo de que mi pueblo era tan pequeño, que la imagen de niño que aún conservo es la de San Juan Bautista como una ciudad muy grande.

Ese bautizo fue para mí una vivencia lacerante, un sentimiento doloroso que desde hace tiempo y de manera sostenida se me acrecienta: La inmensa valoración positiva, la reivindicación cada vez mayor de la neciamente llamada Cuarta República; ante el cada vez más aplastante desastre, ante la “torta” cada vez más fétida que están “poniendo” Chávez y su combo. Todas las inconsistencias en las que haya podido incurrir la Democracia Puntofijista, por aberrantes que hayan sido -¡¡que las hubo!!-, cualquier Rebelión de los Náufragos o Sangre en el Diván, cualquier Programa fallido de Ajuste Macroeconómico, cualquier barbaridad o estropicio que hayan cometido Betancourt, CAP o Caldera, han sido radicalmente anulados, compensados o, peor, reivindicados, por esta loquetera que desde hace 14 años nos destruye como nación.

Todos los errores en los que haya incurrido la Cuarta “se quedaron bobos”; toda nuestra incapacidad para asumir el Capitalismo o el Mercado, obnubilados como estábamos -y como seguimos estándolo- por cuanta idea socialistoide haya parido la Humanidad; todo lo que nuestra infantil y tierna corrupcioncita haya podido “cogerse”; toda esa creencia tonta según la cual había que modernizar el país, cuando ya sabíamos que la Modernidad había sido un fraude; y, sobre todo (de lejos lo esencial, porque justificó y retroalimentó esta monstruosidad que es el Chavismo castrocomunista), toda nuestra inopia absoluta para enfrentar el problema de la pobreza y, más aún ¡¡para hacerle sentir a los pobres que son seres humanos!!, todo ello se borra o -peor, repito- se reivindica ante esta pretensión inaudita de construir una sociedad comunista; una ideología zonza, cuya inviabilidad no necesitaba ser de nuevo demostrada. Porque basta -lo repetiré hasta mi último aliento- basta con leer el capítulo I de El Capital de Marx, para comprender que el marxismo ¡¡y la idea misma de Revolución!!, más que una ideología, son una soberana y auténtica pen….

PUBLICADO POR EMETERIO G. EN EL UNIVERSAL EL 20 DE MAYO DE 2012

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