Los ecos de la revolución rusa aún resuenan en Venezuela (Reportaje de El Tiempo, Puerto La Cruz, Venezuela. 8 abril 2012)


Original: enlace.

08.04.2012 07:20 PM Hace 95 años Lenín abría la puerta a la Internacional Comunista. En la primera década del Siglo XXI, las bases programáticas del Psuv plantea “la lucha contra el imperialismo”

Rodolfo Baptista

Caracas.-   A la que sería una de las revoluciones más importante del siglo XX le faltaba la voz que la moldeara. Un profeta que llevara, no sólo a Rusia, sino al resto del mundo la promesa del nuevo “paraíso” de la igualdad social. Nada más y nada menos.    

Por eso el gran festejo de recibimiento. Flores, banderas rojas, himnos y fanfarrias. El 16 de abril de 1917 (3 de abril del viejo calendario ruso), Vladimir Lenin regresaba del exilio en un vagón blindado proveniente de Alemania que hacía su última parada en Petrogrado en medio de vítores de obreros y soldados. Las huelgas masivas y el alzamiento contra la guerra “imperialista” y el gobierno zarista acumulaban más de dos meses de considerable ímpetu y tendrían su punto culminante en octubre.

“Larga vida a la revolución socialista mundial” proclamó Lenin en su discurso de llegada, hace ya 95 años. Era el abreboca de las Tesis de Abril que entre otros puntos, planteaba construir una nueva Internacional. A la postre sería conocida como la Internacional Comunista o Comintern (1919-1943). Más que un partido, sería una organización centralizada: un intento de agrupar a representantes nacionales y extranjeros para replicar la revuelta bolchevique  e imponer la dictadura del proletariado al resto del orbe.    

Ya se habían registrado dos figuras similares: la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864-1876) y la Segunda Internacional (1889) y habría una cuarta posterior (1938). Pero la Tercera sería la más importante.    

Aunque se planteó como prioridad extender la revolución rusa a Europa o Asia, con los años América Latina sería la  caja de resonancia de la experiencia, al recibir como herencia una teoría marxista vestida de leninismo.    

Casi un siglo después de aquel viaje en tren hasta Petrogrado, los ecos de una revolución “universal” aún se escuchan en el Caribe.    

En 2010, también en abril, durante su primer congreso extraordinario, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) dejó plasmada en sus Bases Programáticas la propuesta de convocar a una Quinta Internacional, como un instrumento para “articular, coordinar y unir esfuerzos en la lucha contra el imperialismo en un contexto internacional”, y para abrir “perspectivas a las luchas revolucionarias de los pueblos del mundo”.    

Esta línea, aunada al menos a media docena más contenidas en el documento del Psuv, tales como “eliminar la propiedad privada monopólica nacional y extranjera sobre los medios de producción, especialmente los esenciales” , es para algunos una de las tantas señales de la epifanía del “comunismo” en el país.    

“No creo que el comunismo tenga ninguna vigencia. China, por ejemplo, todavía se sigue llamando comunista, pero es ya un país de capitalismo salvaje y brutal. La mitología comunista ya no existe. Lo cual nos permite preguntarnos, entonces qué es esto que se está viviendo en Venezuela”, dice en forma tajante a El Tiempo el economista y autor de libros como “Padre confieso que he invertido” (1995), Emeterio Gómez.    

El largo sueño    
Infundados o no, los señalamientos sobre la resurrección del “comunismo” en el trópico pasan por resolver un problema: saber si es posible echarle el lazo a algo tan escurridizo como una idea que nunca se ha materializado en la realidad.  Ya sea por su complejidad teórica; porque perdió vigencia política, por ser un proyecto imaginario a la espera de su momento histórico, o simplemente por ser irrealizable, la palabra “comunismo” es tratada a veces con desprecio, sino vergüenza y otras con cautela académica.   

Para el conocido sociólogo de izquierda y estudioso del tema, Rigoberto Lanz no puede hablarse de “aplicación” del comunismo, porque éste nunca se ha aplicado. “El Comunismo es algo tan lejano, tan abstracto. La versión más elaborada de esto es la idea de Marx. Y obviamente pasa por el socialismo, que nunca ha existido tampoco. La aplicación es difícil imaginarla. No hay manera”.    

Si se trata de definir la idea de “comunismo” se verá que ha pasado por distintas elaboraciones filosóficas entre los siglos. Platón redacta el primer proyecto de sociedad comunista que se conoce en La República (395-370 A.C.). En este planteamiento utópico las diferencias entre individuos no existen sino por razones morales e intelectuales. Ideales religiosos también han inducido a pensar en una sociedad justa y equitativa donde todos los hombres son iguales y no existan las clases. De igual forma, varias han sido las iniciativas políticas que involucran el concepto: las revoluciones Francesa, Rusa, China, la Guerra Civil Española y varios movimientos en América Latina.    

Pero si hay que buscar una bisagra histórica -un punto de inflexión para la idea-, ésta viene con la obra de Carlos Marx (1818-1883), autor de El Capital. En sus Manuscritos Filosóficos y Económicos, Marx define el comunismo como “la abolición positiva de la propiedad privada, de la autoalienación humana, y así, la conquista real de la naturaleza humana, por y para el hombre”. Ya no son sólo sueños y tinta. A finales del siglo XIX Federico Engels propone diferenciar el marxismo científico -que puede ser sometido a prueba- de las corrientes utópicas anteriores. La idílica y casi celestial visión busca tocar tierra.    

Marx plantea un modelo que tiene como elemento básico la propiedad colectiva. Esto fue lo que guió a Lenin, Stalin, Mao Tse-tung y Pol Pot.    

“La tesis básica de El Capital no es otra sino que el valor lo genera exclusivamente el trabajo (…) Es una soberana tontería, y me he ganado muchos enemigos por decirlo de esa manera, creer que donde el empresario pone el capital, el riesgo, la idea y la oportunidad, entonces el valor lo va crear el trabajo, que es importante, pero que no podría crear nada sin que el capitalista montara la empresa“, dice Gómez.    

Con las décadas, diversos son los grupos que han echado mano del “marxismo” como base teórica de sus políticas: desde los reformistas socialdemócratas -que aceptan la transición al socialismo dentro de un sistema capitalista-, hasta las organizaciones “comunistas” que propugnaban una visión más radical en lo económico con la abolición de la propiedad privada.    

Los partidos comunistas    
Muchos partidos políticos en el siglo XX se apropiaron de la palabra “comunista”, pero las experiencias en la práctica no fueron afortunadas.    

Tras la muerte de Lenin en 1924, Yosef Stalin toma progresivamente todo el poder en la Unión Soviética. El número  de víctimas del régimen de terror que siguió todavía no ha podido ser cuantificado. Stalin ocupó la posición de secretario general del comité central del Partido Comunista (1922-1953). Los pliegues de la organización   incubaron -sin tener     que ver con  los principios de justicia del marxismo-,  asesinatos, persecuciones y torturas. Entre 800 mil y 1 millón de comunistas fueron ejecutados   por delitos políticos, entre ellos dirigentes de la revolución de 1917. Pero  esa fue la punta de iceberg. La Gran Purga   incluyó al Ejército Rojo, más muertes  y la  deportación o el arresto de millones de civiles.    

Si hay un único punto de coincidencia entre movimientos de izquierda y sus enemigos, es la condena al régimen estalinista. Y al menos para los primeros se apunta un fardo histórico adicional: tener que negar las equivalencias entre estalinismo y comunismo.    

Pero algo es cierto: el espectro de partidos comunistas resulta tan amplio que es imposible englobarlos en una única experiencia. Pese a ello, es posible encontrar similitudes por razones históricas en algunos casos, como en las organizaciones de Italia, Francia y España del siglo pasado.    

Para Rigoberto Lanz, esos partidos no han llegado a la puerta del proyecto imaginario del comunismo que era antes pasar por el socialismo. “La Unión Soviética fue el intento más elaborado, e hizo esa ‘mamarrachada’ de sociedad, que no es ningún socialismo; imaginemos qué lejos ha quedado la idea de comunismo. Si nos referimos a la experiencia de comunismo que tenían en la cabeza los españoles, franceses e italianos, son pensamientos en decadencia hoy por hoy. Esa es la gran conclusión”.    

Pero el marxismo, el cable a tierra de los ideales comunitarios, actualmente sigue siendo replanteado. Para unos, en Latinoamérica los partidos comunistas no han pasado de ser organizaciones de izquierda de “vocación progresista”. Incluso en la agenda de variantes más actuales como el llamado Socialismo del Siglo XXI -pregonado por el Psuv.    

Para otros, el marxismo radical no tiene vigencia: lo único real que cabe asignar a estos movimientos es un intento -casi siempre doloroso en términos humanos-, de aplicar un ideal que concluye en sistemas totalitarios, el control absoluto del poder.    

El objetivo de la Tercera Internacional soviética de extender en el mundo la dictadura del proletariado que permitiera liberar a la humanidad de los “horrores del capitalismo”, tampoco tuvo éxito. Paradójicamente, una herencia más perdurable -y menos prevista- de la Internacional es haber traído el andamiaje teórico del marxismo a Latinoamérica.    

Cuando a comienzos de la década de los 60 la revolución cubana se proclamó marxista-leninista lo hizo en los términos teóricos planteados por la Tercera Internacional, dos décadas después de la desaparición de ésta, tal como plantea Manuel Caballero en su libro La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana (2006).    

Y en muchos casos, ese “marxismo tropicalizado” se levantó, como las tablas de Moisés, prometiendo erradicar la injusticia de la región.    

Cielo e infierno    
La dramaturga y escritora venezolana, Gennys Pérez, desde su puesta en escena “Yo soy Carlos Marx“, plantea una mirada humana del autor de El Capital. La obra teatral que recientemente se presentó en Caracas muestra a un hombre hundido en la miseria quien, desde una alcantarilla, se enfrenta el fracaso de su propia visión de justicia.    

“La teoría de Marx es hermosa ¿Quién no quiere un mundo más justo, que existan menos excluidos? Donde fracasa y comienza a convertirse en utopía es en la parte operativa. Eso le pasó a Marx en 1837, cuando trató que su teoría pasara a la realidad. Las comunas en Francia, Alemania y Londres fracasaron. Y precisamente fracasaron porque el ser humano tiende a la conducta estúpida de la corrupción. Lo que se rechaza son los sistemas corruptos que arropan esos ideales. Eso es parte de mi reflexión” señala Pérez.    

A pesar de las variadas interpretaciones de la teoría marxista, ésta parece ser el ariete, y una asignatura pendiente de muchos partidos, para tratar de derribar los muros del capitalismo y edificar un nuevo modelo de sociedad.    

“Por primera vez lo admito: Asumo el marxismo” sentenciaba el presidente Hugo Chávez el 15 de enero de 2010 durante su mensaje anual al parlamento. Y aún más. Aseguró que el marxismo era “la más avanzada propuesta que el ser humano ha hecho desde la época de Cristo.”    
Que el jefe de Estado coloque las ideas de Marx sobre un telón de fondo religioso, no resulta del todo descabellado. Y es que lo que queda al final del día, es el comunismo como una noción casi mística.    

“¿Quién no quiere un milagro en su vida ?” se pregunta Gennys Pérez. “Está ligado a la espiritualidad, a la religiosidad, a la esperanza. Todos los seres humanos creemos que hay algo afuera que viene a salvarnos, un milagro. Los políticos que se arropan en la teoría de Marx usan esa idea. Eso es lo que se manipula en las mentes y los corazones”.    

La figura del comunismo parece referirse al sueño arquetípico de un “paraíso” -no en el cielo, sino en la tierra- , donde todo se provee en abundancia. Desde este punto de vista, el “internacionalismo” leninista -la extensión mundial de la revolución- podría extrapolarse al “universalismo” de una Iglesia; con una militancia cercana a un misticismo, que no está exenta de sus propios profetas y mártires -como la figura de “santo ateo” del Che Guevara equiparada en algunos ámbitos a la de Jesucristo.    

“Con este replanteamiento, al juntarse el fenómeno religioso con el comunismo, se unen el hambre y las ganas de comer. Eso produce una mitología que Chávez explota maravillosamente bien”  opina  Emeterio Gómez.    

Más allá de la frase “la religión es el opio del pueblo”, El Capital plantea que la inquietud religiosa es una protesta contra el sufrimiento real, “la queja de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón”.    

Palabra de Marx.

Tres generaciones, tres revoluciones    
La historia familiar de David Smolansky sigue con tanta precisión los movimientos radicales de corte so- cialista de los últimos 100 años, que lleva la palabra “coincidencia” al terreno de lo desconcertante. La vida de su abuelo y su papá están estrechamente ligadas a la aparición de la revolución rusa y posteriormente a la cubana. Y a él mismo no le ha tocado un destino diferente. Pero las experiencias de dos generaciones le han dejado como legado una sensibilidad más aguda frente a los cambios que se viven en Venezuela. Su abuelo huyó en 1927 de Kiev -Ucrania- en la Unión Soviética a la edad de 20 años. En ese momento ya la mano férrea de Stalin ejercía una dictadura que anticipaba la sangrienta purga de años posteriores. Tras el triunfo de la revolución bolchevique, el abuelo de Smolansky vivió 10 años más en tierra rusa. Incluso llegó a asistir por curiosidad a un mitin de Trosky. El país elegido por el abuelo Smolansky para el exilio fue Cuba. Allí conocería a la que sería su esposa, quien también había huido de la Urss. Tres décadas después, en 1959, verían la llegada de un nuevo gobierno marxista encabezado por Fidel Castro. Escaparían de la isla en 1970. El padre de David en aquel momento de 12 años, recuerda entre sus vivencias “el miedo a hablar” y “el culto a la figura del líder, al benefactor de la patria”. Lo trámites para lograr salir de manera legal del país caribeño demoraron cuatro años ante la embajada de Israel. El telar propiedad de su abuelo pasaría a manos del Estado. La primera parada fue México y luego Venezuela. David Smolansky, de 26 años, es actualmente responsable de las Juventudes de Voluntad Popular (VP). Ha vivido 13 años en el fragor del Socialismo del Siglo XXI. Es directo en su apreciación, para lo cual no duda en citar a Winston Churchill al apuntar que el “socialismo es la distribución equitativa de la pobreza”. A su juicio “el comunismo tal como lo planteaba Marx nunca se podrá aplicar”. “Los seres humanos son distintos. Los intentos de aplicarlo generan sistemas sin libertades y las personas pierden las oportunidades de superarse. El comunismo es el encanto de un sistema inviable para justificar dictaduras”, asegura.

“Me encantaría  conversar con Chávez”   

Gennys Pérez, autora y directora de la obra teatral “Yo Soy Carlos Marx”, que hasta finales  de marzo se presentó en Caracas, y que espera ser llevada a las tablas del interior del país, plantea una visión humana y respetuosa del autor de El Capital, aunque no exenta de polémica.

“La gente sale conmocionada, porque no se imagina que va a ver un espectáculo así, con  tantas cosas descarnadas y de una manera tan fulminante. Ha venido gente que es comunista de corazón, y gente que es chavista y salen muy afectados, porque los confronta con la realidad brutal que no pueden negar“. 

La pieza muestra a un Marx (interpretado por Karl Hoffmann)  y a su esposa Jenny (Flor Elena González) sumidos en la pobreza, hurgando bolsas de basura que caen en la alcantarilla donde viven, mientras sopesan la dura carga de sostener una ilusión y el fracaso de la teoría.  “Me encantaría que  el Presidente viniera (a la obra).  Me encantaría poder conversar con Chávez, por lo menos de política cultural. Me  muero de ganas de  presentar esta pieza en el Teatro Nacional o en el Teatro Municipal para que la vayan a ver los chavistas de corazón“.

Anuncios

Un pensamiento en “Los ecos de la revolución rusa aún resuenan en Venezuela (Reportaje de El Tiempo, Puerto La Cruz, Venezuela. 8 abril 2012)

  1. joserpir dice:

    No hay manera de aplicar el socialismo, marxismo o comunismo sin ser impuesto a la fuerza. Todo lo que sea impuesto es contra natura de la humanidad. Por eso desapareció la esclavitud.
    La existencia de las comunas en la antigüedad tenían significado y viabilidad para sus integrantes porque significaba unión para protegerse de los depredadores invasores. Necesitaban unirse para defenderse. Es un contrasentido que sean los gobiernos quienes la promuevan. En la modernidad (o en la post) los gobiernos son los depredadores de los ciudadanos, o sea, que las comunas deben ser iniciativa de los ciudadanos para defenderse del gobierno. Quizá queden aun comunidades remotas o de difícil acceso a las grandes ciudades que necesiten unión para el trabajo estacional, pero sería ocasional, no un modo permanente de vida.
    La pretensión que todos los ciudadanos sean iguales económicamente es utópico porque también es contra natura. Los que están en gobierno o pretenden estarlo lo utilizan de carnada porque muchos ciudadanos que se encuentran con bajos salarios creen que gobierno puede aumentar sus sueldos permanentemente, pero lo que no saben es que si se llega aplicar se produce una debacle económica, política y moral, lo que provocaría un caos social y pérdida de gobernabilidad, por lo cual, ni el gobierno más comunista lo puede aplicar.
    Gennys Pérez se equivoca al plantear a la Corrupción como la causa del fracaso de las comunas de Francia, Alemania y Londres. La corrupción es la consecuencia de la injusticia, resultando una paradoja para los comunistas, ya que la justicia es el estandarte Moral que enarbolan para justificar la aberración comunista.
    Para los fanáticos: ¿Por qué la corrupción es el resultado de la injusticia? Porque toda organización y sus procedimientos que trasgrede la autodeterminación o voluntad individual, anula la libertad individual, cuyo significado individual es secuestrar la dignidad humana. Pero en toda esa cadena de propiedades humanas ¿Dónde está la contra natura de la injusticia?
    Aparentemente la comuna (también la cooperativa) se plantea como un consenso voluntario de sus integrantes, pero los estatutos es producto de la imaginación ilusa de los políticos que las imponen. Para los políticos los integrantes son clones que no piensan ni sienten, tampoco tienen una motivación económica. Expresan su voluntad en aceptar los estatutos, sin preocuparse por lo que venga después porque no tiene nada que arriesgar, a caballo regalado no se le mira colmillo, cualquier cosa significa ganancia. Y los que si tienen algo que aportar tienen una gran debilidad, bien sea en algún factor de producción o en algún medio de comercialización.
    Al transcurrir cierto tiempo los que aportan capacidad y disposición diferentes pero el beneficio es igual, comienza la valoración de las injusticias y, por consiguiente, la corrupción entre sus integrantes para equiparar las injusticias. Y también aparece la corrupción oficialista al entregar recursos de gratis. Lo que referido son las injusticias más evidentes, pero indagando las experiencias del entramado de injusticias y corrupción es un demonio de mil cabezas. En conclusión, toda organización y procedimientos que trate de amarrar la autonomía o libertad humana es una conspiración contra natura. El comportamiento natural humano para convivir en sociedad responde al dicho popular: Juntos pero no revueltos, y es la organización democrática liberal o capitalismo el modo que los mismos humanos han logrado interactuando durante tantos siglos de convivencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s