Artículos dominicales de agosto 2011


Pedimos disculpas… estuvimos un poco ausentes en el mes de agosto. Aquí se incluyen los 4 artículos publicados en El Universal durante el mes

UGALDE, CAPITALISMO Y MERCADO (7 de agosto de 2011)

Con un inmenso respeto -pero acicateado por la necesidad de debatir la tragedia que vive Venezuela- oso comentar críticamente un artículo de Luis Ugalde: Ni Capitalismo, ni Socialismo, El Nacional, 28/07/11.

En él Luis diferencia -¡demasiado!- entre la Economía de Mercado, que asume y el Capitalismo, al que “le carga la mano”. Veamos: “El mundo y Venezuela necesitan avanzar hacia una sociedad con valores e instituciones solidarios, con una política democrática participativa y con una economía de mercado“. Y, durísimo contra el Capitalismo: “Hoy, ‘socialismo’ versus ‘capitalismo’ es un debate entre palabras cómodas y anticuadas… Hablar de una ‘sociedad capitalista’ es un absurdo, pues no hay tal cosa ni puede haberla”.

Tal vez el Padre Ugalde esté dejando de lado un pequeñito detalle: que toda Economía de Mercado, si de verdad lo es -o sea, si asume con firmeza la Libertad Individual- necesariamente evolucionará ¡¡hacia una Economía Capitalista!! Y de manera inevitable aparecerán los miserables capitalistas, es decir: los que se atreven a asumir riesgos, los emprendedores, innovadores, creativos o, simplemente, los que se dedican a detectar oportunidades de inversión. Gracias a ellos la economía crecerá, se pagarán más impuestos que permitirán ayudar a los pobres; habrá sindicatos, derechos sociales, humanos, welfare state… ¡¡y en muy poco tiempo se empezará hablar de Capitalismo Popular y Solidario!!

Pero el verdadero problema de diferenciar el Mercado del Capitalismo, no es que aquél lleve a éste en sus entrañas, sino que el Mercado ¡¡tiene menos posibilidades!! que el Capitalismo de asumir las exigencias éticas de Ugalde: “una sociedad con valores e instituciones solidarios”. Sé que no es fácil aceptarlo, pero la Tasa de la Ganancia -la esencia del Capital- está mucho más cerca de la Moral que el Valor de Cambio, el alma del Mercado. Porque éste es una realidad estrictamente natural y en la Naturaleza no cabe ni un ápice de Ética.

Para decirlo con palabras de Ugalde: ciertamente “es indeseable una sociedad dominada por el Capital”, pero ¡¡mucho más indeseable, es que esté dominada por el Valor de Cambio!! Porque a los capitalistas (por ser pocos) podemos influirlos éticamente; pero al Valor de Cambio, que -gracias a la Globalización- involucra a miles de millones de oferentes y demandantes, es imposible “hablarle” de Moral. De tan concentrado en pocas manos que hoy está el Capital, él empieza a poder asumir el problema ético; y se vislumbra ya la mencionada nueva etapa que vivirá la Humanidad: el Capitalismo Popular y Solidario. Los empresarios, sin la menor duda, le llegarán a los valores antes que los políticos y podremos entonces insuflarle a la Empresa una dimensión Espiritual. Ya en el Primer Mundo se habla de ello, incluso con ese nombre, Padre: “Capitalismo Espiritual”.

El centro de todo, Luis, es que esa Sociedad Capitalista a la que tu llamas “indeseable” (y que, aunque digas lo contrario, NO “es un absurdo”, y SÍ “hay tal cosa y puede haberla”) no sólo está en condiciones de asumir la Ética, sino que ella es ¡¡una de las pocas esperanzas que la Humanidad tiene de asumirla!! Porque, tal como ya dije, el otro sector que podría hacerlo -los políticos- no se lo plantean siquiera; y porque a medida que el Capital se concentra y el poder de las Empresas aumenta, más dominio consciente (o sea, potencialmente ético) tienen éstas sobre sí mismas. Ya parimos la noción de Responsabilidad Social de la Empresa; que no es todavía la Responsabilidad Moral… ¡¡pero “ahí vamos”, Padre!!

¿LA CRISIS FINAL DEL CAPITALISMO? (14 de agosto de 2011)

Los chavistas están felices: ¡¡Por fin se va a cumplir la terrible profecía de Marx; ahora sí, el capitalismo será destruido por sus propias contradicciones!! Qué lejos están de saber que, otra vez, igual que de la Gran Depresión de 1929-33, de ésta saldremos airosos y, más aún, fortalecidos. Igual que hace 80 años… pero con mucha más confianza en nuestro éxito. Porque ahora, a diferencia de entonces, nuestro principal aliado (“nuestro”, digo, del capitalismo y de los que nos resteamos con él) es que no tenemos competidores, que se acabaron las alternativas a la sociedad centrada en el capital, el egoísmo, la miseria espiritual y la maximización de la ganancia. Por mucho que sea bochornoso aceptar que los humanos -los capitalistas y los que no lo somos- nos constituimos a partir del más lamentable egoísmo.

Pero dejando de lado esa pequeña limitación, vale la pena enfatizar la ya mencionada crucial diferencia entre la crisis actual y la de 1929. Hace 80 años, la Gran Depresión tuvo dos poderosos agravantes, aun más fuertes que la propia crisis: el auge impresionante ¡y simultáneo! del comunismo ruso y del nazi-fascismo alemán e italiano, ambos en su apogeo. Stalin, Hitler y Mussolini parecían destinados a sepultar las sociedades democráticas. Desde la Izquierda más primitiva, liderada por un ignorante llamado Stalin; hasta la Derecha más cavernícola, comandada por un payaso trágico, apodado el Führer; ambos movimientos, igualmente totalitarios, tenían en el capitalismo, la democracia y la libertad, una presa al parecer fácil.

Y no es muy difícil imaginar el estremecimiento y el terror que debe haber producido en las democracias occidentales la firma del Pacto Germano-Soviético, poco antes de la II Guerra Mundial: un engendro monstruoso, un acuerdo entre la Alemania nazi y la Rusia comunista que, de haberse consolidado, habría cambiado sin duda la historia de la Humanidad. Nada cuesta -para entonarnos un poco y para reforzar la fe en que saldremos airosos de esta crisis- imaginar lo que habría significado para las sociedades capitalistas libres, la consolidación de ese tenebroso pacto Hitler-Stalin.

Por suerte no se consolidó y el capitalismo pudo sobrevivir. Pero lo logramos, sobre todo, porque -además del desacuerdo ruso-alemán- produjimos en la década de los 80 del siglo XIX y en la de los 30 del siglo XX, dos cambios institucionales significativos que reforzaron a la Economía de Mercado: a finales del siglo XIX, el Welfare State (o Política Social), aupado por la Socialdemocracia y el Socialcristianismo; y, ya en el XX, la Política Económica, postulada por J. M. Keynes. Dos propuestas que no sólo salvaron a la sociedad capitalista, sino que la repotenciaron profundamente.

De la crisis actual -igual que de la del 29- saldremos incorporando otros dos elementos nuevos, equiparables al Reforzamiento de la Esfera de lo Social y a la Política Económica. Ellos son: el Reforzamiento de la Esfera de lo Ético y la Responsabilidad Social y Moral de la Empresa Capitalista. Así saldremos de este desastre, ¡¡y el capitalismo tendrá otros 80 años de oxígeno!! Y tal vez en ese lapso alcancemos el ansiado Capitalismo Solidario. En julio, un grupo de multimillonarios -liderizados por Bill Gates y Warren Buffet- se reunieron con Obama para ofrecer parte de sus descomunales fortunas al Estado norteamericano ¡¡a los fines de contribuir a resolver la crisis!! No es más que un gesto simbólico, por supuesto, pero podría ser también el preanuncio de cambios sustanciales en la sociedad regida por la Tasa de la Ganancia.

¿NATURALEZA O SOLIDARIDAD? (21 de agosto de 2011)

Basta un pequeño esfuerzo para captar el sólido impulso que el Comunismo chavista le está dando al Capitalismo en Venezuela; y sobre todo a un Capitalismo ya en alguna medida solidario; una incipiente cercanía espiritual entre empresarios y trabajadores. Por una razón poderosa: porque cuando ambos se ven amenazados por la misma Loquetera, no queda más remedio que -aunque sea a la fuerza- ¡¡empezar a descubrir la Solidaridad!!

Poco importa que por ahora la Sobrevivencia prive sobre dicha Solidaridad, nuestros empresarios y trabajadores muy pronto invertirán esa relación. De hecho, esa inversión se ha iniciado ya, a juzgar por un hermoso incidente que viví en estos días: un almuerzo con un grupo de empresarios y altos ejecutivos; todos ellos en pleno proceso de interactuar con sus obreros. Para alguien que perdió su juventud leyendo a Marx; y a quien -neciamente- en lo más recóndito del alma, se le quedó petrificada la presunta contradicción entre el Capital y el Trabajo; para ese alguien que era yo, aquel almuerzo fue increíble: eran capitalistas refiriéndose a sus obreros como seres humanos a los que había que respetar, no porque la presión chavista lo impusiese… sino ¡¡porque sí!! por el simplísimo hecho de ser humanos.

Para contribuir a acelerar esa evolución espiritual y para generar un marco de ideas que la refuerce, vale la pena revisar dos nociones erróneas muy difundidas. Una es la creencia según la cual el Mercado fue creado por la Sociedad. Y la otra es creer que así como la Sociedad creó al Mercado, puede decidir insuflarle Solidaridad cada vez que sea necesario, esto es, cada vez que la maximización de la ganancia amenace con asfixiarla.

Ambas creencias son engañosas y hacen mucho daño a la hora de impulsar un Capitalismo Solidario. Porque no es cierto que el Mercado sea una creación de la Sociedad… ¡¡Porque él es anterior a ella!! Él es una realidad natural que se le impone a los humanos, casi con la misma fuerza de sus necesidades fisiológicas. El Individuo -egoísta y fuertemente presionado por la escasez- es sin la menor duda el punto de partida para la constitución de la Sociedad y no al revés. Porque él está naturalmente dotado de ciertas facultades ¡¡y éstas tienen un determinado Valor de Cambio!! Es decir, un valor que se constituye a partir de la demanda de los otros. Es un Nosotros natural que prela y predetermina al Nosotros ético y solidario. Una valoración mutua de las capacidades humanas, que hará que los más inteligentes o creativos, valgan más en el Mercado. ¡¡Y ninguna Solidaridad, por espiritual o hermosa que sea, va a poder cambiar eso!!

Hasta hace 200 años, o sea, hasta la quiebra de la Filosofía Moderna, Occidente creyó que la Moral podía fundarse en la Razón; esto es, que a partir del Ser podía deducirse el Deber Ser; por ejemplo, la Solidaridad a partir de la certeza de que sin ella, el Mercado irá hacia su propia destrucción. Hoy sabemos que la Racionalidad nada puede imponerle a la Moralidad; o sea que nada garantiza que esa Solidaridad pueda contener a nuestra Naturaleza Animal. Cuando no se tiene clara esta profunda relación entre naturaleza, moralidad y racionalidad, cuando no se percibe que esta última, poco puede contra las dos primeras, es posible pensar que la inserción de la Solidaridad en el Mercado es una tarea más fácil de lo que en realidad es. Es posible no percatarse de que si queremos una Sociedad más solidaria tendremos que fajarnos duramente -¡¡en la cotidianidad!!- con los empresarios y los trabajadores, para acompañarlos en esa búsqueda.

EL ORO, LAS RESERVAS … Y LA PUERICIA (28 de agosto de 2011)

Aún hoy, a casi 80 años de su eliminación, hay gente que añora el Patrón Oro como mecanismo de emisión de dinero. Y parecieran tener un argumento sólido: mientras reinó dicho mecanismo… ¡¡no hubo inflación!! Hubo más bien deflaciones, caídas sostenidas de los precios. Ambas se alternaban, generando así un fenómeno por demás positivo: el control inflacionario a mediano y largo plazo. Una sana estabilidad que se esfumó junto con el Patrón Oro y, más aún, con su sustitución por los Bancos Centrales. Estos hicieron de la emisión de dinero una decisión plenamente libre y voluntaria de los seres humanos; no atada a ningún respaldo en oro y, en última instancia, no atada a nada.

Pero los que añoran el Patrón Oro olvidan la razón poderosa de su eliminación y de su reemplazo por la Banca Central: la tasa de crecimiento de la producción de oro en el mundo era ya -para la década de los 30 del siglo XX- muy inferior a la tasa de crecimiento de la producción de bienes y servicios; con lo cual era fácil prever el flagelo terrible que azotaría a la humanidad, si no se prescindía del oro como respaldo del dinero, un mal mucho peor que la inflación sistemática: ¡¡la deflación, también sistemática!!

Las Democracias Occidentales -apoyadas en Keynes- optaron por el mal menor: la inflación. Y, efectivamente, entre 1945 y 1980 esta fue una amenaza para los países del Primer Mundo. Por suerte, en los años setenta Milton Friedman impuso sus ideas acerca de la necesidad de usar todo el poder del Estado (el mismo que Keynes usó contra el desempleo) para combatir la inflación: se trataba de imponerle a los Bancos Centrales la restricción de la oferta monetaria. Friedman triunfó, el flagelo inflacionario -en el Primero y en el Tercer Mundo- pasó a ser un recuerdo desagradable; y hoy, la gran mayoría de los países tienen una inflación anual igual a la de Venezuela… pero mensual.

Sirva todo ello como marco para dos o tres comentarios sobre la inmensa alharaca que Chávez armó alrededor de la reubicación de nuestras Reservas Internacionales:

1) Lo ya mencionado: que desde hace 80 años, desde el abandono del Patrón Oro, este precioso metal no juega más que un papel simbólico en la emisión de dinero. Es decir, que el control de la inflación depende en lo esencial de la firmeza de los Bancos Centrales -y, en última instancia, de los Gobiernos- para contener sus emisiones monetarias.

2) Que con el oro en Londres o aquí, Chávez va a seguir manteniendo una Política Monetaria irresponsable: la que él mismo inauguró con aquel famoso millardito de dólares que le pidió al Banco Central. Un error monstruoso que aún se mantiene: el creer que las Reservas Internacionales son -no el respaldo de la moneda, sino- los ahorros del país, y que podemos en consecuencia gastarlos cada vez que se nos ocurra.

Y, 3) lo más grave, lo realmente grave, más allá de la cortina de humo de la repatriación áurea: el traslado de nuestras reservas operativas a Rusia y China, la Ruptura Monetaria de Chávez con las democracias occidentales. Un hecho político, mucho más que económico; pero, sobre todo, un hecho marcado, estigmatizado, por ese tinte profundamente ingenuo y, más que ingenuo, infantil, absolutamente pueril, que caracteriza a nuestro enfermito: el soñar que Rusia y China son sus aliados, el creer -en la cúspide de la puericia- que se trata de enemigos de Occidente, cuando ambos países están viniéndose desesperadamente hacia el capitalismo. (Puericia: “periodo que va de los 7 a los 14 años”, según el Diccionario de la Real Academia Española).

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