Sociedad, Desarrollo, Política… y Ética


El Universal. Domingo 19 de junio de 2011.

No por azar, en la semana que va del 27 de junio al 1º de julio, se realizarán en Caracas dos foros conectados con nuestra crucial carencia de una Propuesta de Sociedad -o, como ahora se dice, de una Narrativa– capaz de imponerse ideológica e intelectualmente al comunismo chavista. Por obvia que hoy sea la radical inviabilidad de esta loquetera… la oposición no logra parir una Propuesta. Los dos foros apuntan en esa dirección. El 27 y 28: Sociedad, Desarrollo y Política, promovido por el Centro de Estudios del Desarrollo, Cendes, de la UCV; y el viernes 1º: Los Fundamentos Morales del Capitalismo, en el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico, Cedice. Será un placer participar en ambos eventos.

Tal vez se podría debatir en dichos foros lo que quizás sea un rasgo esencial de la mencionada carencia de ese Proyecto de Sociedad capaz de derrotar comunicacionalmente al Socialismo del siglo XXI y, más aún, capaz de entusiasmar o de enamorar a la gente. Un rasgo que no es específico de Venezuela, sino que afecta a toda la Humanidad: ¡¡El fracaso o anacronismo de las dos ideologías que dominaron el pensamiento occidental en los dos últimos siglos: el Marxismo y el Liberalismo Clásico!! Aquél, radicalmente inconsistente e irrecuperable y éste, aferrado a su versión original -la del siglo XVIII- pero perfectamente capaz de actualizarse, esto es, de asumir las inmensas, dramáticas e ineludibles transformaciones que, de Adam Smith para acá, ha sufrido el pensamiento filosófico, político, económico, jurídico… y moral.

Dos Ideologías -el Marxismo y el Liberalismo Clásico- que se hundieron en el anacronismo por adolecer de exactamente la misma falla: haber excluido de sus enfoques (“científicos” ambos) el componente Moral de Lo Humano. Marx creyó que la Dialéctica Hegeliana tenía algún sentido y que podía ser utilizada para generar una comprensión científica ¡¡y al mismo tiempo revolucionaria!!, de la Sociedad y del Hombre. Que para eso está la Dialéctica: para (pretender) asumir la contradicción. Fue el inefable Materialismo Histórico que supuso que la lucha de clases era la Partera de la Historia y la Moral simplemente un Prejuicio Burgués. La Ética como una mera ideología (pensó Marx), en el sentido despectivo de la palabra: una tergiversación orientada a ocultar la “explotación del hombre por el hombre”. Fue, repetimos, el flamante Materialismo Histórico -una de las más grandes estafas que se le han hecho a la Humanidad- y según el cual la política, el derecho y aun la ética, se explican científicamente a partir de la Economía y del Desarrollo de las Fuerzas Productivas.

En el otro extremo -más consistente, pero igualmente endeble- Adam Smith y el Liberalismo Clásico supusieron que los procesos sociales estaban rigurosamente determinados, no por el Desarrollo de la Fuerzas Productivas, pero sí por la Mano Invisible del Mercado, un dispositivo social que milagrosamente -a través de la búsqueda permanente de la maximización de la ganancia- garantizaba que se alcanzara el más elevado bienestar social posible. Una Mano Invisible (esto es, ¡no consciente!) que, de existir, tornaría superflua a cualquier preocupación o postulado moral y a cualquier intervención consciente desde fuera del Mercado. Otra visión anacrónica de lo Humano, anclada en la creencia -hiperoptimista y estrictamente dieciochesca- según la cual existe algo así como la Autonomía de la Conciencia Individual, la ingenua ilusión kantiana (de la Libertad) que marcó el final y el fracaso rotundo de la Filosofía Occidental.

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Un pensamiento en “Sociedad, Desarrollo, Política… y Ética

  1. José R dice:

    No veo ninguna dificultad en debatir Socialismo vs Capitalismo (Democracia; liberal, si lo prefieren) con una élite universitaria. Aunque esté presente un universitario socialista, más fanático que universitario, no habrá argumentos que pueda levantar del suelo al socialismo. El problema no es una Propuesta de Sociedad, el verdadero problema es cambiar la costumbre de 200 años de un orden social militarista por el democrático. Esa es la costumbre que tienen los países civilizados con mayor progreso y más progresistas. No se trata de descubrir el agua tibia; el forcejeo entre dominación y liberación ha conducido a la civilización hasta el Orden Social Democrático.
    El Socialismo del Siglo XXI ha logrado retornar al orden militarista del siglo XVIII y retomar de nuevo el mando absoluto, que había sido compartido por civiles blandengue. En realidad no ha sido difícil regresar a posesiones que se creían perdidas. No han encontrado resistencia efectiva porque el cambio a valores democráticos no llegó a contrarrestar la costumbre dependiente de las masas del poder militarista.
    El proyecto democrático no se fortaleció en la independencia de la masa de ciudadanos, solo se conformó con la representación de la política. La propuesta democrática se quedó en la Constitución; no bajó a los hechos cotidianos de la población. De allí la debilidad de las Instituciones.
    La oposición no logra parir una propuesta porque el socialismo actual llegó al extremo de la misma costumbre militarista. Ya no tienen nada que agregar; o se van al extremo opuesto, a la democracia (independencia del ciudadano del poder político, y en nuestro caso, del Gobierno), o se someten a la dirección única del jefe único, del único partido. O se comprometen a defender la verdadera democracia (Capitalismo) o continúan con la farsa del socialismo, pero a la vera del PSUV.

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