Cristianismo y Modernidad


Agradezco al padre Honegger Molina sus esfuerzos por impulsar, desde FundaKristós, un debate intelectual sobre el Cristianismo. A raíz de esos esfuerzos -y de las discusiones propiciadas por él- se me cambió radicalmente el enfoque que tenía de la relación entre Cristianismo y Modernidad. En dos de esos debates participó René Bros, de la congregación Hermanitos de los pobres del Evangelio, un sacerdote misionero que trabaja en el Amazonas. Él, para rebatir mis ideas acerca de la supuesta oposición entre dichas dos instancias, me sugirió la lectura de un libro que en un santiamén destruyó la visión que yo tenía del tema.

El libro se llama como este artículo y recoge un debate entre René Girard, antropólogo francés y Gianni Vattimo, filósofo italiano. La tesis que -con matices y diferencias- los dos autores sostienen, no podía ser más oportuna y bienvenida para mí, que he venido sosteniendo como idea central de toda mi concepción, que la Quiebra radical de la Filosofía Occidental le abre las puertas a un relanzamiento vigoroso del Cristianismo.

Dice la contraportada del libro: “¿Cristianismo y Modernidad, son enemigos que libran una batalla en los últimos avatares de las ‘guerras de religión’… ? ¿De un lado, la tradición, la verdad y la autoridad; del otro, la laicidad, el relativismo y la defensa de las libertades individuales? Lejos de oponer sus posiciones, Girard y Vattimo se esfuerzan por acercarlas. Con enfoques filosóficos diferentes, los dos sostienen una tesis paradójica: ¡¡la secularización y la laicidad son productos del Cristianismo!! Él es la religión de la salida de la religión (la palabra francesa es ‘sortie’, salida, que podría ser traducida más bien como ‘el fin’ de la religión). El Cristianismo está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, incluidas la democracia y la separación de la Iglesia y el Estado”.

Y ya en la Introducción de Pierpaolo Antonello: “La apuesta teórica y hermenéutica, común a Vattimo y Girard, se funda en la conciencia de que el Cristianismo no es una ‘religión’ en el sentido exacto del término, sino ¡¡el principio de la desestructuración de los cultos arcaicos!! que se disfraza de ‘religión’ institucional para instaurar un diálogo con los credos tradicionales” (pág. 10). Y, más adelante, refriéndose a Vattimo, dice Antonello: “la preocupación principal del filósofo italiano (… ) es doble. De una parte, intenta elaborar un pensamiento que contribuya a desestructurar todas las pretensiones de definición ‘natural’ del hombre; es por eso que denuncia las verdades ontológicas, inmutables y ‘científicas’, como productos históricos y contingentes y, sobre todo, como instrumentos de coerción en manos de aquellos que han detentado el poder… Uno tiene la impresión de leer en Vattimo una visión ‘teleológica’ del destino del Cristianismo, que… consistiría así, en disolver todas las estructuras ontológicas que el hombre ha impuesto a sus semejantes por la violencia y, con ellas, todos los aparatos burocráticos y coercitivos que entraban las libertades individuales, a fin de abrir la vía a una comunidad del amor fundada sobre la posibilidad de compartir principios que emergen de una discusión y de un acuerdo intersubjetivos”. (Págs. 14 y 15. Todos los signos de admiración y las cursivas son míos).

Todo lo cual es precisamente el tema de nuestro Taller “La Quiebra de la Filosofía y el relanzamiento del Cristianismo”, que para la Fundación del Valle de San Francisco, dictaremos en el ITER a partir del 17/03/11.

Publicado por Emeterio en El Universal el 7 de marzo de 2011.

3 pensamientos en “Cristianismo y Modernidad

  1. anyulled dice:

    Le recomiendo encarecidamente la lectura de Después de la muerte de Dios, por John Caputo y Gianni Vattimo, acerca de cómo la postmodernidad nos abre el abanico de posibilidades para la espiritualidad en Occidente. En ella se exploran los cambios, distorsiones y reformas que configuran nuestra fe posmoderna y las fuerzas que constituyen el fenómeno de la religión en el mundo de hoy, vinculando sus argumentos a cuestiones como el terrorismo y el fanatismo, y desde la política hasta los medios de comunicación y la cultura en general, estos pensadores alumbran el camino hacia una nueva filosofía de la religión.

  2. Salvador Rodriguez Garcia dice:

    Emeterio Gomez : soy un lector de sus analisis critico de sus articulos por el universal, sobre todo los politicos algunos de los mismos no estoy muy de acuerdo sobre todo por mi visiòn del mundo, pero me alegro cada leo sobre todo la gama de ideas que tiene parece a un Heraclito moderno que nos obliga a la meditaciòn profunda, lo felicito continue que es agradable leer. Gracias, atentamente , Salvador Rodriguez

  3. José Tomás Angola Heredia dice:

    No hay comprensión de lo humano sin Dios, o en un sentido más lato o ateo, lo espiritual. Retorno a la idea que Dostoyevski dejó en la más importante novela que la ficción humana nos ha legado en toda su historia racional, “Los hermanos Karamazov”: sin Dios, nada importa”. Por sobre “El Quijote”, la estación más relevante en la creación ficcional, “Los hermanos Karamazov” de Dostoyevski se yergue en un pequeño pero poderoso y último concepto. El libre albedrío es en realidad un retorno a la comprensión de lo diminuto e imprescindible que es el hombre. La soberbia, esa sombra perversa que ha acompañado al hombre desde su rebelión, metafórica o no, en el paraíso adánico cobra una especial relevancia en nuestro tiempo. Es cierto, mi querido Emeterio, la razón resulta un camino agotado. No podemos ver el universo con un microscopio. Pero hay allí una terrible dificultad que todos los seres enfrentan. La percepción de lo justo, de lo correcto, de lo divino, está atada a una noción individual y existen tantas visiones como seres han habitado el planeta. Y para muchos sólo la razón, la lógica, responde a ello. Lo que la filosofía ha buscado desde que el hombre se irguió en dos patas es el último por qué. No debemos condenar esa búsqueda sino entenderla. Quizá podamos juzgar como erróneo el camino transitado. Pero es ese el terrible dilema humano. Renunciar a las capacidades intelectuales, que son las más valiosas y sagradas herramientas que Dios nos dejó, es renunciar a la esencia humana. Lo sabio, lo superior, es aceptar que la razón sólo nos permite entender un diminuto entorno. Un efímero y limitado aspecto de la vida. Necesario pero profundamente estrecho ¿Cómo pedirle al hombre que ceje en su intento primigenio por explicar la motivación del existir sin estar claro en cuáles son los aparatos de medición? Soy un constante y asiduo lector de tus escritos y debo coincidir totalmente con tu angustia por demostrar lo inútil de buscar el resorte definitivo desde una dimensión racional. No hay forma. En eso soy un admirador del pensamiento de Kierkegaard. Ese pobre danés alcanzó la iluminación, se hizo las preguntas adecuadas aunque, por supuesto, no consiguió las respuestas por estar atado a la limitada frontera de su entendimiento. Y que no son más que una reedición de las mismas preguntas que Pascal elaboró y tampoco pudo responder: ¿Dónde estoy? ¿Quién o qué soy? ¿Quién es éste que ha hecho al mundo y me deja aquí sin darme las claves para salir?, ¿qué es la realidad y por qué habría de interesarme? Kierkegaard hace una pregunta más allá de Pascal. Se pregunta ¿por qué me habría de interesar este mundo si yo no he sido consultado para estar aquí? El sentido de estar aquí, ahora, sin plan, sin destino, sin razón. Nietzsche agota las preguntas. Y por eso acaba en la locura. Trata de explicarse desde lo humano lo que no es humano. Allí radica su error y su locura. No acepta el aliento divino. Intenta responderse con lo absoluto terreno, soberbia dirían los creyentes, lo que debería encontrar en lo divino, en lo relevante del ser.
    No hay forma de entender la existencia desde lo material. La vida vista como un ejercicio biológico es inútil. No tiene motivación real. Se vuelve un ejercicio superfluo, transitorio, banal. En el fondo lo que planteas en tus reflexiones es el sentido mayúsculo de respirar y eso sólo lo responden, o entienden, quienes sacan de su centro vital la respuesta. Renunciar a sí mismos. Deslastrarse de la propiedad de la vida es el único sendero que permite la permanencia en esta vida.
    Cuando sacamos de nosotros, de nuestra egoísta fuerza, la posibilidad de existir, sólo entonces todo cobra sentido. Porque eso es lo que buscamos. Una explicación de por qué estamos aquí. Y el por qué termina resultando ser el otro. ¿No es eso lo que Cristo vino a decirnos? Abandónate. Vive por el otro. Si es el otro el aire que debes respirar, sólo así lo que eres sirve para algo. No eres tú. Olvídate de ti, es tu vecino, es el ser a tu lado. Ahí está la única explicación de ser. No eres tú. Tú no eres relevante, sólo te entiendes por el que ves a tu lado. Sólo allí está la vida. Tu halito. Te puse ahí para que veas al que está a tu lado. No hay razón si miras dentro de ti. Mira al otro. Somos espejos. ¿Quieres buscar la felicidad? Renuncia a tus dolores, a tus demandas, a tus expectativas. Sé feliz por la felicidad vecina. Por eso la religión, y yo debo confesar que soy católico, apostólico, romano. Sólo en el otro, el que debes amar más que a ti mismo, sólo allí encuentras las explicaciones al existir. Estamos en esta vida para vernos en el otro. No te busques en ti mismo. No tiene sentido. No hay creación en el onanismo. Si levantas la vista, si observas al que te acompaña y lo ayudas, todo cobra valor. Si eres herramienta, si eres posibilidad para el otro, si eres escalón, linterna, puerta, sólo entonces la plenitud, que no es otra cosa que alcanzar la realización, te plena. ¿Pero cómo se explica eso? ¿Cómo convencer con algo tan drástico como pedirles a las personas que renuncien a sí mismos? Eso es lo que hace la religión, la fe. Por eso Marx, que es una religión sin Dios, fracasa. Hace el análisis correcto. Pero al no contener a Dios, se vuelve un discurso estúpido. Sólo en Dios, en la esencia superior que te lleva como flecha curva, que sales de él pero regresas a él, sólo así el tránsito tiene explicación. El camino a Dios está en el otro. Pasa por verte en el otro. Entonces es la religión el único ejercicio de sindéresis vital. Lo del capitalismo social es el camino pero sólo es lo accesorio humano, la producción de bienes, una respuesta a intentar la felicidad del otro, Una posibilidad, un esfuerzo que involucra y contiene dentro de tu esfuerzo al que no tiene cómo hacerlo. En eso rescato tu premisa de brindar dignidad, oportunidad, pero bajo el manto de que lo relevante es equiparar al desposeído con el que tiene.
    No la tienes fácil. Tu premisa implica renuncia. El egoísmo es el principal mal que hay que vencer. El marxismo habla de una entrega terrena, material, sin ningún aliciente real. El marxismo es el paraíso sin Dios. Es el acto de soberbia absoluta y por eso está condenado al fracaso. Porque si detrás de la solidaridad no está Dios, es inútil e inexplicable. Sólo Dios, lo eterno, lo infinito, explica la fuerza que lo hace posible. Y entonces retorno al comienzo de esta larga carta. Dostoyevski dice que “Sin Dios, nada importa”. Y es así. Por eso es tan superior a cualquier obra de la ficción humana. Sin Dios, nada importa. ¿Y cómo revelas a Dios en este mundo descreído, cínico, absurdo, montado en valores morales que no tienen sentido real, no tienen más allá? Esa es la cruzada. Ese es el norte. Revelar a Dios. Hacerlo visible. Y es tan estúpidamente sencillo y tan endemoniadamente difícil. Porque Dios se esconde en lo orificios de nuestra soberbia. Dios se espanta con nuestra voluble materialidad, Dios sólo pide un acto de honestidad y vivimos entre tanta mentira. Ahora recuerdo lo que me dijo un cura bueno, uno de esos que quedan en el olvido de sus vidas diminutas, ajenas de la pedancia y la estridencia: La santidad es algo tan fácil. Todo podríamos ser santos. Pero nadie está dispuesto a dejar atrás lo que son.
    Disculpa lo extenso de esta carta, muy catártica y confesional, y entiéndela como un gesto de admiración por lo que haces, por tu lucha semanal que valoro y reconozco, admiración por alguien que transitó los senderos extraviados del marxismo y consiguió a Dios, destellante y clarificador en su camino, y le permitió enrumbarse por el sendero certero de la verdad. No estás equivocado, mi querido Emeterio. Para nada equivocado. Dios, que es la única verdad, está contigo.
    Con mi cariño y respeto
    José Tomás Angola Heredia.

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